Durante ocho años miles de niños fueron salvajemente asesinados por el ejército ucraniano en el Donbás, mientras la prensa de la Europa Occidental agrupada en la Unión Europea (UE) y en general los medios hegemónicos del mundo miraban para otro lado y dedicaban ríos de tinta y toneladas de papel a condenar la “invasión rusa” de Ucrania.
El Cementerio de los Ángeles de Donetsk, en la zona de Donbass un lugar en homenaje a todos los niños asesinados por el ejército ucraniano y bandas de paramilitares neonazis que celebraban estas muertes hablando de «limpiar Ucrania de basura rusa».
Hay algunos de sus peluches y sus juguetes, su nombre y la edad que tenían cuando fueron asesinados en 2014, 2015, 2016 y años siguientes.
Pero otras personas se preguntan ¿por qué yo nunca me enteré de estas muertes? ¿por qué jamás he visto en ocho años en la TV ni una sola entrevista a sus familiares, si es que sobrevivieron? ¿por qué quienes hoy me hablan todo el tiempo de Ucrania no me han contado nada de esto?.
Algunos pensaron, diabólicamente, que eran los daños colaterales de la guerra, y con eso tranquilizaron sus espíritus, pero para el estado terrorista que conduce, más o menos, Vladimir Zelenski, eso no fue suficiente.
En la madrugada del 22 de mayo pasado, el régimen nazi de Kiev perpetró un sangriento ataque terrorista con cuatro aviones no tripulados contra el edificio académico y la residencia estudiantil del colegio dependiente de la Universidad Pedagógica Estatal de Lugansk en la ciudad de Starobelsk (República Popular de Lugansk). Dieciocho personas murieron y otras 42 resultaron heridas en el ataque.
El 17 de junio pasado un dron ucraniano atacó un autobús en el que viajaban miembros del equipo infantil de fútbol de Bielorrusia, que dejó al menos un muerto y varios heridos, en la región rusa de Briansk, fronteriza con Ucrania.
El gobernador de Briansk, Yegor Kovalchuk, escribió en su canal de Telegram “que los pasajeros del autobús provenían de la ciudad bielorrusa de Gomel y se dirigían al balneario ruso de Guelendzhik, en el mar Negro. Una mujer que acompañaba al equipo murió en el ataque”.
La reacción a tanta barbarie ha empezado, aunque muy lentamente. El presidente de Polonia, Karol Nawrocki, anunció este viernes 19 de junio la retirada de la máxima condecoración de su país concedida a su homólogo de Ucrania, Volodimir Zelenski, quien bautizó una unidad militar con el nombre de Ejército Insurgente Ucraniano (UPA). en honor a una organización acusada de masacrar a 100.000 civiles polacos en lo que es hoy el oeste de Ucrania. En abril de 2003 se había condecorado al mandatario ucraniano (mandato vencido) con la Orden del Águila Blanca.
A principios de junio pasado, el ministro de Defensa de Bulgaria, Dimitar Stoyanov, advirtió que enviar más armas a Kiev solo causará más muertes en una «guerra de posiciones», y el primer ministro eslovaco, Robert Fico, declaró el domingo 3 de mayo que se ha negado a respaldar el reciente préstamoaprobado por la Unión Europea para Ucrania y que su país no participará en la concesión de ningún crédito futuro.
Las consecuencias del apoyo irrestricto a Ucrania por parte de la UE con la secreta esperanza de debilitar y hundir a Rusia les están estallando en la cara: agencias de seguridad como la Europol e Interpolhan advertido que el masivo flujo de armamento hacia Ucrania ha provocado una filtración de material militar hacia el mercado negro. El crimen organizado europeo y bandas de narcotraficantes han logrado adquirir armas pequeñas, municiones y sistemas militares avanzados procedentes de este conflicto, detectándose la presencia de estas armas en países como Finlandia, Suecia, Dinamarca y los Países Bajos.
Más lejos, pero no menos grave: a fines de 2024, el ejército de Malí confiscó municiones de mortero de 120 mm con inscripciones en ucranianoque estaban en posesión de grupos rebeldes tuareg y facciones armadas en el norte del país, y Abdoulaye Maiga, primer ministro de Malí, en su discurso de setiembre del año pasado ante la Asamblea General de la ONU, se refirió al papel que desempeña Ucrania en el terrorismo global mediante el suministro de vehículos aéreos no tripulados.
Como las sanciones a Rusia, el despilfarro europeo le está costando caro a los occidentales. Sobre todo, porque mientras el ejército ucraniano es arrasado por Rusia en el campo de batalla y sus ciudadanos tratan de huir de los reclutadores (sólo en Polonia hay miles de ucranianos exiliados) Europa celebra, o hace la vista gorda, ante la corrupción del gobierno de Kiev, que mata inocentes.

