“Un Ford Falcon blanco se detiene bruscamente. Tres hombres trajeados se bajan del auto y se dirigen con paso firme y decidido hacia el barrendero. Un breve intercambio de palabras es suficiente para convencer al hombre, que deja el carro y la escoba a la vera del cordón. No hay gritos, ni metralla, ni órdenes. El barrendero, alto, canoso, grande, se dirige, escoltado hacia el auto. Ingresa en él y desaparece sin más rastros. El ruido de motor acelerado es la última voz antes que se pierda para siempre en la esquina de Terrero y Magariños Cervantes el barrendero del barrio. Eran las ocho y media de la mañana del 14 de junio de 1977” reza uno de los testimonios recogidos sobre el secuestro del padre Mauricio Silva Iribarnegaray (51). Otro relato ubica la acción una hora más tarde.

Mauricio Silva había nacido el 20 de setiembre de 1925 en Uruguay. Muy joven, junto con su hermano Jesús, ingresa a la comunidad salesiana. Cursa estudios teológicos en Córdoba (Argentina) donde tiene como compañero a quien fuera años más tarde obispo de Neuquén y su amigo de toda la vida, Don Jaime de Nevares. Ordenado sacerdote su primer destino fue San Julián, en la Patagonia. En tiempos del Concilio Vaticano II, junto a Arturo Paoli, conoce a los Hermanitos del Evangelio, una familia espiritual enrolada en las enseñanzas de Charles de Foucault (1858/1916) y se incorpora a la congregación y más tarde encuentra en el trabajo de barrendero (al que había ingresado en diciembre de 1973) el lugar para dar testimonio de su compromiso con el evangelio, habida cuenta de su adscripción a la opción preferencial por los pobres. Su lugar de trabajo era el Corralón Municipal de Floresta.

Luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la tensión era algo que se palpaba, se olía en el Corralón de Floresta, que había sido intervenido y tenía la clara misión de disciplinar a los trabajadores. “El ensañamiento fue especialmente con el cura Mauricio, porque lo mandaron a cortar el pasto de la zona con las manos” según testimonia Carlos Gerez, su compañero de trabajo en ese entonces.

En el momento de ser secuestrado, vivía con otros Hermanitos de la Fraternidad en la comunidad de Malabia 1450, en la Capital Federal. También son detenidos-desaparecidos como Mauricio otros integrantes de la Fraternidad como Nelio Rouger, Pablo Gazzari y Carlos Bustos.

Según comentan quienes lo conocieron y compartieron en su vida sacerdotal, recuerdan que “la pasión con la que se comunicaba y el deseo de iluminar la realidad con la palabra de Jesús le ocasionaron algunos conflictos”.

Se realizaron innumerables gestiones y denuncias por su desaparición entre ellas a Amnesty International (en Francia, Alemania y Suiza), las embajadas de Uruguay y de Estados Unidos en Argentina, en Ginebra a la Liga de los Derechos Humanos, Consejo Mundial de Iglesias, Cruz Roja Internacional, Conferencia Episcopal Norteamericana, Organización de Estados Americanos (OEA), Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Su desaparición fue registrada en publicaciones como las revistas América (revista jesuita) y National Catholic Reporter y en junio de 1977 Le Monde de Francia publicó una nota sobre su desaparición

El domingo 14 de junio se instituyó el Día del Barrendero en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por la Ley Nº 1032 de la Legislatura de la C.A.B.A el 29 de mayo de 2003, promulgada de hecho el 20 de junio del mismo año y publicada en el BOCBA N.º 1719 del 25/06/2003.

Posteriormente, en diciembre de 2014 el Senado de la nación aprobó la ley Nº 27069 por la que se instituyó el Día Nacional del Barrendero, una iniciativa de la diputada nacional Adela Segarra (FpV-Movimiento Evita) quien asimismo aportó más información sobre Mauricio Silva porque “de los testimonios recogidos en la investigación del caso, se puede deducir que primero fue conducido a la comisaría 41ª de la Capital. Después su rastro se pierde a pesar de que existen algunos testimonios que aseguran que fue terriblemente torturado y personas que creen haberlo visto incluso en el Hospital Borda”. En la norma jurídica sancionada se incluye también a Néstor Julio Sanmartino y Julio Armando Goitía, trabajadores del Corralón Municipal de Floresta detenidos-desaparecidos y compañeros de Mauricio.

Entre otros homenajes cabe consignar que el 14 de junio de 2006 se coloca placa recordatoria en la Parroquia San Juan Bautista; una placa homenaje lo señala en el barrio de Villa General Mitre, entre las calles Terrero y Magariños Cervantes; en el año 2019 se coloca una placa recordatoria en la Parroquia San Juan Bautista de Pocitos, Montevideo, Uruguay; el 8 de octubre de 2007 se realiza la presentación del libro sobre Mauricio Silva “Gritar el Evangelio con la vida”, editado por la Dirección General de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires, en el Teatro de la Comedia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Precisamente en el prefacio del libro, el ex Jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Jorge Telerman, afirma que hay que seguir trabajando “para reconstruir la memoria.  Esa memoria que es una forma de no mirar hacia atrás paralizándonos, como dicen algunos, sino de construir un mejor presente y un mejor futuro. De derechos humanos se sigue tratando”.

Para Adolfo Pérez Esquivel “Mauricio en su testimonio de vida y martirologio, asumió el camino de seguir los pasos de Jesús. Lo hizo desde su opción y compromiso de caminar junto con los más pobres y construir caminos de esperanza por un mundo más justo y fraterno para todos. Es la semilla que cae en tierra fértil y da su fruto. Así, humildemente, sin pretender las grandes cosas, sintiendo desde las más pequeñas la responsabilidad de compartir el pan y la libertad en el espíritu. Ha transcurrido mucho tiempo que no ha logrado borrar sus huellas, por el contrario su caminar ha forjado conciencias, animado la esperanza. En el desierto de la vida ha germinado la semilla y dado su fruto”.

El cinismo sin límite de los represores (cinismo del cual contemporáneamente tenemos algunas muestras) declaró cesante en su empleo a Mauricio Silva con fecha 15/06/1977 por Decreto Nº 6576 del 27/12/1977, por abandono del trabajo.