El miércoles 17 de junio se cumplen 119 años del nacimiento en Junín, provincia de Buenos Aires, de Carlos T. Gattinoni, el primer obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, el primero elegido desde que esta última declaró su autonomía de la Iglesia Metodista episcopal de Estados Unidos, fuertemente involucrado en movimientos de derechos humanos, miembro fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y de la comisión de notables que integró la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), uno de los tres religiosos de la entidad junto al Rabino Marshall Meyer, director del Seminario Rabínico Latinoamericano, y el obispo Jaime de Nevares (el amigo de Mauricio Silva, el cura barrendero).Ejerció el cargo que ejerció hasta 1977 cuando se retiró por razones de edad.

La tradición metodista de ordenar obispos  es de origen norteamericano, mientras que la designación de un presidente como máxima autoridad viene de la tradición inglesa, cuna de la denominación.

En 1929 consiguió su licenciatura en teología en Buenos Aires; prosiguió sus estudios en el Hartford Tehological Seminary de Estados Unidos.

Realizó sus estudios teológicos en el Seminario Evangélico de Teología, más tarde la Facultad Evangélica de Teología.

Al finalizar sus estudios teológicos fue pastor en la iglesia metodista de la Aguada, Uruguay; en Tiro Federal, Bahía Blanca; Remedios de Escalada, Pcia de Buenos Aires; Venado Tuerto, Pcia de Santa Fe; Iglesia Central de Montevideo, Uruguay; e Iglesia Central de Buenos Aires.

Fue superintendente de los distritos Central (1946) y Capital (1958-63) y Secretario de Educación Cristiana, de Evangelización y de Misiones y Avance. Ejerció la docencia dictando cursos en la Facultad Evangélica de Teología, en el Instítuto de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Montevideo, Uruguay, en el Instituto Crandon y en el Instituto Bíblico de Buenos Aires.

Su retiro del episcopado no significó el retiro de la vida activa dentro de la iglesia. Desde 1977 estuvo a cargo del Servicio de Evangelización de la Iglesia Metodista y esta nueva tarea lo llevó a visitar a las iglesias y parroquias de todo el país organizando talleres de capacitación, seminarios, conferencias y campañas de evangelización. Era también el responsable de todas las publicaciones de este Servicio. Así mismo fue autor de unos quince libros.

Su primera obra fue «La Eterna Contradicción” (1937). Los últimos de su autoría fueron «Voz del Cielo» (1972) y «Breviario del Dador Alegre» y «El Don del Espíritu» (1978),'»Principios del Movimiento Metodista» (1982), publicado por la Editorial La Aurora y dejó en prensa en la misma editorial su último original, un comentario sobre el libro del Eclesiastés.

Su compromiso con el trabajo por la paz y la justicia lo llevó a participar activamente de movimientos sociales como el de Fraternidad y Reconciliación en la década del 40 y 50, los relacionados con la iglesia y la sociedad, y en la década del 70 con el trabajo por los refugiados y por los derechos humanos. En 1975 participó como cofundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y fue copresidente de esta entidad durante los años de la dictadura militar.

En 1983 el Poder Ejecutivo lo distinguió, junto a otras nueve personalidades argentinas, al designarlo integrante de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que investigó la detención ilegal y desaparición de personas ocurridas durante la dictadura de 1976-1983. También formó parte de la comisión directiva del “Llamamiento de los 100 para seguir viviendo», movimiento pacifista argentino.

Fue miembro del Fondo de Educación Teológica del Consejo Mundial de Iglesias (C.M.I), y asistió a sus Asambleas en Oslo (Noruega), Londres (Inglaterra) y Dublín (Irlanda), organismo que en pocos años produjo un número de obras fundamentales en el campo de la Teología, y del Comité Ejecutivo del Consejo Metodista Mundial. Su participación ecuménica dentro del país le valió el aprecio de líderes de otras denominaciones evangélicas e iglesias, tanto ortodoxas como católicas. Presidió la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) (1967-73).

Una vez jubilado, el Obispo Gattinoni desarrolló tareas de capellanía en el Sanatorio Evangélico «El Buen Samaritano». Su acompañamiento de los enfermos, silencioso pero constante, fue parte de su fructífero testimonio. En los últimos años le tocó en algunas oportunidades acompañar pastoralmente al Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, con quien tuvo oportunidad de orar y leer la Biblia. Este hecho fue reconocido por el propio Presidente, quien manifestó públicamente su aprecio, por las conversaciones mantenidas con el obispo durante sus visitas.

El 11 de septiembre de 1973 se produce el golpe militar en Chile y la IEMA, bajo su episcopado, fiel a la herencia wesleyana-metodista, junto a otras Iglesias protestantes y algunos sectores de la Iglesia católica organizan en articulación con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados CAREF (Comisión Argentina para los Refugiados). Los primeros contingentes llegados desde Chile a Buenos Aires fueron alojados en el Instituto Superior Evangélico de Teología de la calle Camacuá 282, en Flores, donde actualmente funciona la oficina del obispo Américo Jara Reyes.

A fines de 1975 el ruido de los sables era cada vez más audible. Gattinoni, junto con otras personalidades religiosas y seculares, fundan la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Su sede original fue la Primera Iglesia Metodista de la Av. Corrientes 718.

Es indudable el valor histórico y trascendente que tuvo el trabajo de la CONADEP, aunque la primera edición del informe “Nunca más” revalidó la teoría de los dos demonios, lo que fue muy criticado por los organismo de derechos humanos.

El obispo Carlos Gattinoni falleció luego de una corta dolencia el domingo 2 de abril de 1989. Su vida y su obra son un ejemplo no solo para las nuevas generaciones metodistas, sino para toda la sociedad argentina.