Trump calificó a León XIV de «débil en el crimen» y «terrible en política exterior» y aseguró que no desea «un Papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear» pero el Papa León nunca dijo que Irán puede tener armas nucleares. Por otra parte, expresó su desagrado con un Papa

que critique las acciones de Estados Unidos en países como Venezuela. Asimismo, acusó al Papa de alinearse con la izquierda política y de actuar más como un dirigente político que como líder religioso y como si eso fuera poco, se arrogó el poder de haber llevadoaRobert Francis Prevost​​, a ser el 267º papa de la Iglesia católica y noveno soberano de la Ciudad del Vaticano, porque «si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano«, con lo cual hizo extensivo el ataque a los 120 cardenales que consagraron a León XIV como jefe de la Iglesia Católica.

La ignorancia supina de la que hicieron gala senadores y representantes (diputados) republicanos trumpistas, al criticar al Papa por su intervención ante temas políticos internacionales, es digna de figurar en el Libro Guinnes de los Récord. El vicepresidente J. D Vance, los senadores Lindsay Graham, Bernie Moreno, los congresistas Mike Johnson, Troy Nehls, y Elise Stefanik son ejemplos de un chupamedismo político como no se había visto antes.

Porque León XIV es jefe espiritual de los católicos del mundo, pero también es el gobernante de un país soberano: el Estado de la Ciudad del Vaticano, un estado soberano reconocido internacionalmente, siendo el más pequeño del mundo en extensión (44 km2) y población. Establecido en 1929 mediante los Pactos de Letrán, una serie de acuerdos firmados el 11 de febrero de 1929 por el cardenal Pietro Gasparri, en nombre del papa Pío XI, y por el primer ministro de Italia, el fascista Benito Mussolini, en nombre del rey Víctor Manuel III.​ Funciona  como una teocracia bajo una monarquía absoluta cuyo jefe de Estado es el Papa.

Además, la Santa Sede tiene el status de Observador Permanente desde 1964. Como tal, participa activamente de la Asamblea General y debates, pero no tiene derecho a voto, manteniendo una postura de neutralidad para fomentar la paz y la justicia internacional.

El discurso de Donald Trump, violento, grosero, misógino al relacionarse con mujeres, es igual de irrespetuoso como los de Isabel Día Ayuso, Daniel Noboa, Flavio Bolsonaro, o J. D Vance, por citar algunos nombres, al dirigirse a sus adversarios ¿Qué impulsó a Trump a elegir este nuevo frente de batalla?

Según el Doctor en Estudios Latinoamericanos y Daniel Alejandro Kersffeld, investigador del CONICET y docente de la Universidad Torcuato Di Tella, el accionar del inquilino de la Casa Blanca se basa en el apoyo de los católicos a su candidatura: en 2024 el líder republicano obtuvo el 59% del voto católico, frente al 50% en 2016.

A partir de ese respaldo político va de frente contra aquella institución que amenaza con convertirse en una de las principales amenazas para su gestión: la jerarquía de la Iglesia católica de los Estados Unidos. Según informó Fox News, la administración Trump decidió rescindir un contrato de larga data con Caridades Católicas de Miami, alegando la disminución de la inmigración ilegal como factor determinante, lo que motivó la airada respuesta del arzobispo de Miami, Thomas Wenski, quien lamentó la pérdida del contrato de un programa que llevaba más de 60 años de funcionamiento.

La prédica de León XIV ha sido prudente pero contundente: cuestionó la persecución a los migrantes, criticó el secuestro de Nicolás Maduro, expresó su rechazo a la guerra de Irán, y en general a todas las guerras.

Trump, es sumamente consciente de esas críticas y sabe que se reproducen, en mayor o menor medida, en buena parte de la jerarquía católica estadounidense: los cardenales Joseph Tobin de Newark (Nueva Jersey), Robert McElroy de Washington y Blase Cupich de Chicago, junto con los obispos y arzobispos Mons. José H. Gómez (Los Ángeles), Monseñor Nelson J. Pérez (Filadelfia), Gregory John Hartmayer (Atlanta) y James Robert Golka (Denver) son contestes en apoyar el mensaje evangélico de León XIV. Es posible que la prédica de los prelados católicos agregue una piedra al zapato de Trump, que ya carga con haber perdido todos los eventos electorales del año pasado, poniendo en peligro no solo las elecciones de medio término de noviembre próximo, como lo pronosticara el senador republicano por Texas Ted Cruz, sino las aspiraciones de una reelección en el 2028 y la pérdida de la hegemonía republicana.

En el plano exterior, la crítica al primer mandatario por su ataque a León XIV unió tanto a gobernantes de izquierda como Pedro Sánchez, primer ministro de España o Luis Inacio Lula Da Silva, presidente de Brasil; de derecha, como Giorgia Meloni, primer ministro de Italia y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian.

En resumen: León XIV puede emitir su pensamiento tanto como líder religioso como por ser Jefe de Estado de un país soberano. Lo demás, como dijera don Vicente Leónidas Saadi, “es pura cháchara”.