Después de la implosión de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos consolidó el relato de un mundo unipolar bajo su conducción. Pero como siempre desconfió de que Rusia, si no la exURSS, pudiera resurgir, inició lo que algunos analistas llaman la Segunda Guerra Fría. Preventivamente, estableció alrededor del gigante euroasiático “un collar de perlas”, una serie de bases militares, muchas de ellas en países exsoviéticos, cayendo en lo que Xi Jinping le advirtió a Donald Trump en su reciente visita a Pekin: la trampa de Tucídides.

En ese contexto se inscribe el giro hacia Occidente del presidente de Armenia  Nikol Pashinyan. Primero, con la fútil excusa de que Rusia no había aplicado el tratado de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), en su guerra con Azerbaiyán por el control de Nagorno- Karabaj, se retiró de la organización. El objetivo del tratado es proteger la integridad territorial de los países miembros, el enclave de mayoría armenia en Azerbaiyán no formó nunca parte del estado armenio, por lo tanto sus cláusulas no eran aplicables en el diferendo en cuestión.

Recientemente, el Gobierno de Armenia decidió retirarse de la Unión Económica Euroasiática (UEE), lo que marca un cambio crucial en su política económica y sus relaciones internacionales. La decisión surge en un contexto de tensiones crecientes y desafíos internos, buscando nuevas alianzas, es una continuación del creciente descontento y distanciamiento entre Armenia y Rusia desde que Pashinyan llegó al poder en mayo de 2018.

Armenia es un pequeño país del Cáucaso Meridional de poco más de tres millones de habitantes un país sin salida al mar. Sectores importantes de la economía armenia, como la electricidad, el gas, las telecomunicaciones y el transporte ferroviario, fueron cedidos a Rusia en 2003 como pago de la deuda acumulada de Ereván con Moscú, que ascendía a 100 millones de dólares. El 85 % de su gas natural se lo compra al gigante euroasiático y con el retiro de Armenia de la UEE tendría que pagar los mil metros cúbicos de gas natural a 600 dólares, como cualquier país europeo, en lugar de los 177 actuales. A fines de mayo de este año Moscú envió una carta al gobierno de Ereván diciéndole que suspenderá los suministros de petróleo y gas baratos en caso de que el país caucásico prosiga su acercamiento a la Unión Europea, lo cual fue interpretado por Pashinyan como una “amenaza” y un intento injerencista de Rusia en las elecciones parlamentarias de Armenia del próximo 7 de junio, en las cuales el actual mandatario armenio es favorito.

Ereván ha intentado profundizar sus lazos con Bruselas y Washington, declarando abiertamente su deseo de formar parte de la Unión Europea, y el año pasado su Parlamento aprobó una ley para iniciar el proceso de adhesión. En un espaldarazo a esa nueva política, el secretario de Estado de EE.UU, Marco Rubio, visitó el martes 26 de mayo la capital armenia, donde firmó un acuerdo de asociación estratégica con el ministro de Exteriores armenio, Ararat Mirzoyán.

Amén del suministro de energía, mucho del comercio exterior de Armenia va hacia Rusia. Por eso, ante el giro prooccidental, prohibió temporalmente las importaciones armenias de flores y agua mineral. Sin el mercado ruso, Armenia podría perder más del 90 % de sus ingresos por exportación de flores. Moscú también suspendió las compras de vino y coñac de varias compañías armenias, y están en la mira introducir sanciones a frutas y verduras.

El presidente Pashinyan está convencido de la ayuda que recibirá de la UE compensará con creces las pérdidas de sus ingresos por su salida de la UEE, omitiendo considerar que la mayoría de los países europeos están volcando toda la ayuda a Ucrania para prolongar el conflicto con Rusia apostando al desgaste del gigante euroasiático

Pero además, parece que no lee los diarios ni la prensa europea cotidianamente. Si lo hiciera, se enteraría de que los precios de la energía en lo que algunos llaman Viejo Continente están por las nubes, la recesión está a la vuelta de la esquina y la Hungría de Peter Magyar junto a la Eslovaquia de Robert Fico abogan por derogar o suspender la sanciones a Rusia para poder seguir comprando petróleo y gas rusos baratos porque ni a palos llegan a tener autosuficiencia energética para el 2030, sin contar los estragos que los aranceles de Estados Unidos están haciendo. Starmer en el Reino Unido hace pininos para mantenerse en el gobierno porque seguir la política exterior de Estados Unidos le está costando caro, y Francia y Polonia tienen prolongados conflictos con sus agricultores.

En la reunión de la OTSC celebrada el pasado 29 de mayo, los presidentes de Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán instaron a Armenia a celebrar lo antes posible un referéndum para dejar claro qué alianza prefiere. Los cuatro países más Armenia forman la UEE, creada en 2015 y liderada por Rusia, de lejos la economía más fuerte del grupo. ”Compartimos la posición sobre la necesidad de celebrar en la República de Armenia, en el menor tiempo posible, un referéndum nacional sobre la adhesión a la Unión Europea o la permanencia en la Unión Económica Euroasiática”, se dice en la declaración conjunta hecha pública después de la cumbre de líderes celebrada en Astaná (la capital kazaja).

Armenia sigue los pasos de Moldavia. La presidenta Maia Sandu, conocida por su alineamiento proeuropeo, ganó las elecciones de setiembre del 2025 con una serie de irregularidades entre las que se incluyen proscripciones a los partidos Corazón de Moldavia, que forma parte del opositor Bloque Patriótico, y Moldova Mare de Victoria Furtuna, amén de colocar tan solo dos mesas de votación en Rusia, donde hay una numerosa colonia moldava de centenares de miles de personas, llegando al extremo de anunciar que anularía las elecciones si ganaba la oposición.

Por supuesto, en todo el proceso está presente la injerencia estadounidense. La exdirectora de la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), Samantha Power confesó luego de las elecciones que la USAID destinó decenas de millones de dólares al país para combatir la supuesta influencia rusa. Power también confesó que muchas veces viajó a Moldavia para plantear la necesidad de combatir la influencia rusa y apoyar a la presidenta Maia Sandu. «Hemos creado allí un programa sin precedentes de USAID, hemos realizado inversiones sin precedentes, hemos ampliado considerablemente la presencia en este país, tanto por el bien de Ucrania como, por supuesto, por el de Moldavia. Y fue un momento brillante para la democracia con la presidenta Sandu. Ese dinero […] se destinó a Moldavia a largo plazo, por un período más largo que en Ucrania. Pero todos estos flujos de dinero se interrumpieron cuando [el presidente estadounidense Donald] Trump llegó al poder», lamentó.

En octubre de 2025, en una vuelta de tuerca confrontativa, el Gobierno moldavo aprobó una nueva estrategia militar, que regirá hasta 2035 y en la que el Gobierno del antiguo país soviético se refiere por primera vez a Rusia como amenaza para su seguridad nacional

Sandu quiere a toda costa integrar la UE, al punto que ahora está considerando la posibilidad de una reunificación con Rumania, cuyo presidente Nicusor Dan es también ferviente unionista, para facilitar esa integración. Entre Moldavia y Rumania hay una conexión lingüística, histórica y cultural, y el idioma oficial en ambos países es el rumano, pero en una encuesta de marzo pasado en Moldavia arrojó que cerca del 50% de la población es opuesta a la reunificación, reminiscencias quizás de la secesión que protagonizó la región de Transnistria entre 1990 y 1992, una región aún bajo el control de separatistas rusos.

En Rumania, por el contrario, el 72% de la población apoya la reunificación. Es el socio comercial más importante de Moldavia, y ha ayudado a su vecino a reducir su dependencia de la energía rusa y a conectarse a las redes energéticas europeas.

Si se suman los moldavos opuestos a la integración con Europa y a la reunificación que viven en Moldavia,  más lo residentes en Transnistria, el resultado supera largamente el 50% mencionado.

Las Constituciones de ambos países contienen importantes obstáculos para que la reunificación pueda llevarse a cabo, entre otros, el punto que obliga a Moldavia a mantenerse militarmente neutral.

El “collar de perlas” militar ahora es político y lo lleva adelante Bruselas. La incógnita es si estos pequeños países pueden ayudar a contrabalancear el peso de Rusia en el contexto internacional, que es el objetivo final.