La tregua que enfrenta a Occidente con la Federación de Rusia se inició en diciembre de 1991 con la implosión de la Unión Soviética y duró hasta el 24 de febrero de 2022, cuando luego de incesantes y reiterados reclamos de sectores parlamentarios rusos por las violaciones a los derechos humanos del régimen de Kiev hacia las poblaciones de habla y cultura rusa del Donbas y Crimea, el presidente Vladímir Vladímirovich Putin, luego de una serie de advertencias al gobierno ucraniano para que cesaran las acciones hostiles contra la población de ascendencia rusa de esas regiones, ordenó el inicio de la Operación Militar Especial (OME), que EE.UU y sus aliados denominan “guerra de Ucrania”.

La UE (Unión Europea) y Wáshington se frotaron las manos: al fin la provocación había surtido efecto y pronto Rusia sería derrotada y el mundo unipolar, bajo la égida de los norteamericanos, sería una realidad.

Cuatro años después, Europa está inmersa en una crisis social y económica como no se veía en décadas, la guerra prolongada en Ucrania no ha producido el desgaste de Rusia como se esperaba, y el frente de Occidente comienza lentamente a resquebrajarse.

En ese contexto debe leerse la victoria de Rumen Gueorguiev Radev (60)  un exgeneral de la Fuerza Aérea formado en Estados Unidos en las elecciones legislativas de Bulgaria el pasado 19 de abril, la octava elección parlamentaria en un período de apenas cinco años.

El partido de centroizquierrda Bulgaria Progresista obtuvo una contundente victoria, superando al centroderechista y europeísta Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), liderado por el ex primer ministro populista Boiko Borísov, su más cercano opositor, por más del doble de los votos.

“Para mí, lo más importante es formar un gobierno estable y regular. Volver a convocar elecciones no es una opción” declaró Rádev luego de conocerse los primeros resultados.

En el contexto actual, criticar el genocidio del Estado de Israel en Gaza es ser antisemita según el sionismo gobernante. Del mismo modo, criticar la fallida contraofensiva lanzada por las FF.AA. de Ucrania contra las tropas rusas en 2023[J1]   y a los líderes europeos por su política poco realista en relación con el gobierno de Kiev, que la efectividad de las sanciones introducidas contra Rusia resultó estar lejos de las promesas de la Unión Europea que, de lo contrario, terminó con nuestra propia economía perjudicada, hizo que la prensa hegemónica lo tilde de “prorruso”.

El Estado más pobre de la UE se encuentra sumido en un bloqueo político desde las protestas anticorrupción de hace cinco años, que pusieron fin al dominio de Borísov en la política de Bulgaria. Precisamente, la lucha contra la corrupción fue el caballito de batalla de Radev que le granjeó incluso el apoyo de un electorado que no comulga con sus ideas.

La Unión Europea necesita «un pensamiento más crítico» y «mayor pragmatismo» en materia de política exterior, aseveró Radev una vez culminado el acto electoral.

Apelando al pragmatismo como es su costumbre. «Si queremos que Europa tenga autonomía estratégica, Europa debe recuperar su competitividad y frenar el proceso de desindustrialización. Europa debe reflexionar muy seriamente sobre cómo asegurará sus recursos, porque sin recursos energéticos no podemos hablar de competitividad. La Unión Europea debería restablecer el diálogo con Rusia para poner fin a su desindustrialización y asegurar la competitividad» cerró, poniendo sobre el tapete el álgido tema de la energía, cuyos precios, por la sanciones a Rusia, están por las nubes.

Con el 44,5% de los votos obtenidos, Radev se ha asegurado el poder formar gobierno, algo que le ha resultado muy complicado a sus antecesores.

En la Segunda Guerra Fría en curso, a diferencia de la anterior, Occidente apuesta al terrorismo que alguna vez condenó, como su principal arma. Por eso alienta a Kiev en sus ataques a la población civil rusa en las zonas fronterizas con Ucrania, apoya a las guerrillas seudo islámicas que el fin de semana pasado intentaron infructuosamente el derrocamiento del gobierno de Malí y maneja el asesinato selectivo de líderes iraníes con el vano propósito de doblegar a la nación persa y poder apoderarse de su petróleo.

Las democracias occidentales es evidente que han perdido el rumbo. El margen de disidencia permitido en la UE es muy estrecho y pocos los líderes europeos que se atrevieron a superarlo, como Robert Fico (59), primer ministro de Eslovaquia, el derrotado Víktor Orban de Hungría, y más tibiamente Robert Golob (59) de Eslovenia y Illie Bolojan (57) de Rumania, no han logrado torcer el viraje hacia la derecha y el autoritarismo que impera en el erróneamente llamado viejo continente.


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