Cuando en 1884/85 la Conferencia de Berlín estableció las normas para la ocupación europea de África, sellando su reparto imperialista sin presencia africana, impulsando la división artificial del continente para controlar sus recursos, había sólo dos países independientes en África: Abisinia (hoy llamada Etiopía) un imperio que existió entre 1270 y 1974; y Liberia, fundada en 1822) por la American Colonization Society (ACS) de EE.UU. como un asentamiento para afroamericanos libres y esclavos liberados, que se estableció como una república independiente el 26 de julio de 1847. La versión eurocéntrica y hegemónica de la historia de África ignora el imperio abisinio y sostiene que el primer país independiente de África fue Liberia.
Ese desconocimiento fue lo que impulsó el intento de colonización de Abisinia por parte del Reino de Italia en la última década del siglo XIX. Ya ocupaba Somalía desde 1880 y Eritrea desde 1890. Dentro de ese proceso, sin duda ocupa un lugar relevante lo sucedido el 1 de marzo de 1896, en el transcurso de la primera guerra ítalo-abisinia, en lo que se conoce como la Batalla de Adua.
El 29 de febrero de 1896 el general italiano Oreste Baratieri, al frente de un ejército de 20.000 hombres dividido en cuatro brigadas, y 56 piezas de artillería. Una de las brigadas estaba compuesta por nativos askaris de Eritrea, aunque con oficiales italianos.
Al frente de un ejército de 120.000 hombres estaba el rey Menelik II, bautizado como Sahle Maryam, considerado el padre de la moderna Etiopía. Luego de encarnizados combates que duraron casi todo el día y culminaron con la victoria aplastante de los abisinios.
Los italianos contabilizaron cinco mil novecientas bajas, mientras que los abisinios perdieron en torno a diez mil hombres. Los prisioneros italianos fueron tan bien tratados como fue posible, pero los ochocientos askaris que capturaron fueron considerados traidores y su castigo fue la amputación de sus manos derechas y sus pies izquierdos.
Como resultado directo de la batalla, el Reino de Italia firmó el Tratado de Adís Abeba, reconociendo a Abisinia como un estado independiente. La humillación que fue sentida duró casi cuarenta años, hasta 1935, cuando la segunda guerra ítalo-abisinia dio a la Italia de Benito Mussolini el dominio de Abisinia hasta la liberación en 1941.
Si Ud. busca tanto en la prensa nacional como en la internacional, la fecha pasó sin pena ni gloria. Es que el hecho de que un ejército africano organizado lograra derrotar a un ejército de los colonizadores causó un asombro sólo comparable a la batalla de Isandhlwana, que tuvo lugar el 22 de enero de 1879 en el contexto de la guerra anglo-zulú, once días después de que los británicos comenzaran la invasión del territorio nativo en Sudáfrica, donde los británicos sufrieron una aplastante derrota que es consideraba en los textos militares como la peor sufrida por un ejército de su majestad.
Las posteriores luchas de resistencia en el continente africano se vieron alentadas por el relato de la batalla de Adua. Como dicen los etíopes, fue una guerra emblemática contra la colonización. Gracias a esta batalla, se puede decir con certeza que Etiopía nunca fue colonizada en el sentido clásico. La repercusión de esta batalla fue tan fuerte que su eco llegó hasta el Caribe: hoy cuando hablamos de Adua hacemos referencia al movimiento rastafari, porque el nombre de nacimiento del emperador Haile Selasie (1892/1975) era el Ras Lij Tafari Makonnen, de donde deriva el término rastafari. Marcus Mosiah Garvey (1887/1940) líder jamaiquino, decía a propósito de la gesta de Adua: “ahora podemos regresar al continente madre, porque hemos demostrado que es posible”. Henry Sylvester Williams (1869/1911) de Trinidad Tobago, impulsó el movimiento panafricano porque consideraba que la batalla de Adua era una batalla icónica.
Cuando se fundó la Organización para la Unidad Africana en 1963, Etiopía y Addis Abeba se convirtieron en su sede lógica entre alternativas que se barajaron como Accra en Ghana o El Cairo en Egipto, esa es la verdadera dimensión de la batalla de Adua. La victoria de Menelik II y su esposa Taytu Betul (1851/1918) llegó a desmontar el mito de que ningún ejército africano era capaz de enfrentarse a las fuerzas europeas, más sofisticadas.
Gracias a esta batalla Etiopía pudo como país definir su cultura, sistema educativo y economía, sus relaciones internacionales y su forma de relacionarse con el mundo. Cuando hablamos de los recientes intentos de recolonización de los países africanos ¿cuáles son las lecciones que se pueden extraer de la batalla de Adua? La conmemoración cada 1º de marzo tanto en Etiopía como en otros países africanos es un recordatorio de que los africanos tienen el deber de resistir la dominación extranjera.

