Damocles es el personaje de una anécdota moral de la cultura griega clásica. Según algunos historiadores, habría sido un cortesano
adulador de la corte de Dionisio II, rey de Siracusa.Tanto el presente como el futuro del inquilino temporal de la Casa Blanca se asemeja bastante a estepersonaje, sobre todo por aquello de gobernante poco hábil de vida disoluta, cuyo
estilo de gobierno provocó inestabilidad.
A pesar de que la Vigésima Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, en su sección 1 establece taxativamente que “ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de Presidente más de dos veces, y ninguna persona que haya ocupado el cargo de Presidente, o ejercido como Presidente, durante más de dos años de un mandato para el que otra persona hubiera sido elegida como Presidente, será elegida para el cargo de Presidente más de una vez”, tanto Donald Trump como sus seguidores han empezado a darle visos de su voluntad de acceder a un tercer mandato. En el peor de los casos, apuntar a una victoria del Partido Republicano en las elecciones de medio término del 3 de noviembre y por supuesto, en las elecciones presidenciales de 7 de noviembre de 2028.
Para ello, ha recurrido a infinidad de medios, como la modificación de distritos electorales en zonas del sur estadounidense fundamentalmente, para impedir el voto de los afroamericanos, dado que estos suelen votar al partido Demócrata
históricamente, hecho denunciado por la senadora Kamala Harris en durante el congreso anual de la National Urban League, celebrado en Nashville, Tennessee, este año.
Por las dudas que esto fallara, Trump impulsó la Ley de Protección de la Elegibilidad de los Votantes Estadounidenses (SAVE América, por sus siglas en inglés), cuyas restricciones según analistas políticos dejarían sin votar alrededor de 20 millones de electores. Aprobada en primera instancia por la Cámara de Representantes, se trabó en la Cámara de Senadores, y aunque el primer
mandatario paralizó la actividad parlamentaria al negarse a promulgar leyes hasta tanto no se aprobara su proyecto, llegando al punto de presionar a sus propios legisladores para que no se tomaran el receso estival, el 7 de agosto los senadores le hicieron pito catalán y se fueron sin acceder al pedido trumpista.
A eso se le debe sumar la inicua persecución a los estados con gobernaciones demócratas, insultando y agrediendo por ejemplo al gobernador de California Gavin Newsom, llamándolo “tonto” que no sabe leer, por su dislexia, o las acusaciones de “comunistas” a los candidatos de la izquierda demócrata que le vienen dando verdaderas palizas electorales, tanto en las elecciones especiales
de 2025 como en las primarias de 2026.
Más allá de su estilo discursivo chacabano, la preocupación de Trump es razonable, porque son varios los juicios que lo estarán esperando cuando culmine su mandato. “Lo más probable es que los casos penales estatales (el de Georgia y el de Stormy) se suspendan y se reanuden cuando expire su mandato”, declaró Bárbara McQuade, ex fiscal federal.

El presidente Trump enfrenta tres procesos penales activos, y fue condenado por delitos mayores en mayo de 2024, en Nueva York. Un tribunal estatal de la ciudad de Nueva York lo declaró culpable por la falsificación de registros comerciales con la intención de ocultar unos pagos hechos para silenciar a una actriz de películas para adultos durante su campaña política de 2016.
De las causas penales restantes, dos son por su actuación en el intento de revertir los resultados de las elecciones de 2020: una en un tribunal federal en Washington, y la otra en un tribunal estatal en el condado de Fulton, Georgia.
También está siendo procesado por un tribunal federal en Florida por violar leyes relacionadas con su manejo de documentos clasificados, porque cuando culminó su primer mandato se llevó documentos clasificados a su residencia de Mar-a-Lago (Palm Beach – Florida) donde en 2022 el FBI (Buró Federal de Investigaciones) ejecutó una orden de allanamiento y secuestró 12 cajas de documentos clasificados que Trump no había devuelto a la Casa Blanca.
La victoria electoral de Trump en 2024 y los sobreseimientos federales, sumados al fallo de inmunidad de la Corte Suprema de Estados Unidos, le dieron un respiro nada más. Las desestimaciones no significan inocencia, y los expedientes pueden ser desempolvados al otro día de su salida de la Casa Blanca.
Como si esto fuera poco, a fines de junio de este año la Corte Suprema rechazó nuevamente una apelación de sus abogados en el caso de abuso sexual y difamación por US$ 5.625.005,48 dólares iniciado por la escritora y periodista E. Jean Carroll, que tiene 82 años, lo que le permitió a esta recibir esos fondos a comienzos de julio ordenado por el juez Lewis Kaplan. Al día siguiente del
veredicto, Trump llamó a Carroll una “loca” y calificó sus acusaciones como una “historia falsa”.
Según el portal Al Jazeera, el 28 y 29 de julio los abogados de Donald Trump y el Departamento de Justicia de EE. UU presentaron formalmente una nueva apelación ante la Corte Suprema de Estados Unidos para intentar anular el millonario veredicto de 83,3 millones de dólares restantes por difamación a favor de la escritora E. Jean Carroll. Según The New York Times, se trata de la condena impuesta por un jurado en 2019/2024 debido a los ataques verbales y declaraciones de Trump en contra de Carroll.
Es la segunda vez en la historia de Estados Unidos que un presidente en ejercicio es condenado en una demanda civil. El precedente legal clave ocurrió con el histórico fallo de la Corte Suprema en el caso Clinton v. Jones de 1997, que determinó que un mandatario en funciones no tiene inmunidad frente a litigios civiles por actos privados ajenos a sus funciones oficiales.
