Un informe del Observatorio de la Deuda Socialde laUniversidad Católica Argentina alerta sobre un grave problema estructural que afecta a la sociedad argentina: según los datos de 2025, el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes vive en situación de pobreza, mientras que el 10,7% se encuentra en la indigencia. A esto se suma un dato crítico: casi el 30% no accede de forma regular a la alimentación.

El informe, basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), agrega que el 28,8% de los menores atravesó dificultades para acceder a alimentos, y en el 13,2% de los casos esa situación fue severa, y en cuanto a la calidad de vida de las infancias el panorama no puede ser más desalentador. 19,8% de los niños dejó de ir al médico o al odontólogo por razones económicas, 18,1% vive en viviendas precarias, 20,9% se encuentra en situación de hacinamiento, y el 42% no tiene acceso adecuado a servicios de saneamiento.

Posiblemente estos datos resuenen en el pensamiento de los obispos católicos cuando reclaman al gobierno nacional que contemple la situación de los sectores vulnerables.

Si bien la política social del gobierno de Javier Milei recibió cuestionamientos casi desde el inicio de su gestión por parte de la Iglesia Católica porque advirtió que el ajuste proyectado iba caer sobre los que menos tienen, en los últimos días los cuestionamientos han ido adquiriendo una mayor dureza.

En su homilía del domingo 10 de mayo, el cardenal y arzobispo de Córdoba, Ángel Sixto Rossi, un jesuita cordobés que recibió el capelo cardenalicio del Papa Francisco, afirmó que “estamos viendo favorecer a los opulentos y restringir ayuda a discapacitados, jubilados y enfermos, pero de modo particular a los discapacitados, y es signo de decadencia y sadismo personal e institucional” a lo que opuso el rol de la institución que representa: la Iglesia de Cristo es la Iglesia del amor, no de la ortodoxia, sino del amor”, y en clara alusión al discurso violento y descalificador de Milei, condenó el mismo, basado en el odio, porque el diálogo no debe ser “con gritos, fanatismo ni agresividades”.

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, por su parte, se refirió al impacto de los ajustes sobre los sectores más vulnerables y advirtió: “se va a profundizar la desigualdad. Pienso en los jubilados, en la discapacidad, se habla del país como si sólo fueran los inversores o las clases medias y altas”, e ilustró con claridad el momento que se vive: “la gente que antes nos ayudaba en Cáritas ahora nos viene a pedir”.

Pero sin duda han sido las palabras del arzobispo de Buenos Aires, José Ignacio García Cuerva, las que han tenido más repercusión. Tras el Operativo “Tormenta negra”, el prelado dio una misa en la Parroquia Cristo Obrero de la Villa 31, donde entre otros conceptos afirmó que “‘Tormenta Negra’ se llama al narcotráfico, a la falta de trabajo, a cuando el Estado se retira, cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es ‘Tormenta Negra”.

El punto más alto del cuestionamiento tuvo como escenario el tradicional “Te Deum del 25 de Mayo. Pidió terminar con «la división y la polarización» porque «nadie se salva solo», en clara alusión al individualismo rampante que predican el presidente Milei, sus ministros y funcionarios, presentes en el evento, porque el «individualismo rompe los vínculos de fraternidad y descompone a la Nación». Por exhortó a ser «solidarios con el dolor ajeno, Nadie es descartable, desechable; todos somos importantes, comenzando por los niños, enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados».

Asumiendo claramente su rol de ser la voz de los que no tienen voz, no ahorró críticas para los sectores que por acción u omisión, permiten que el pueblo sufra: “Lo que nos falta es una clase dirigente que se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación y que lo haga por los que no pueden más”, y fustigó a los profetas del odio y la infamia caracterizándolos como “Haters (odiadores – N de R) de hoy, sentados en una computadora de escritorio o cómodamente instalados delante de una pantalla, hacen terrorismo de las redes, descalificando y difamando».

El presidente Milei evitó confrontar abiertamente con García Cuerva y dijo que la del prelado es “una opinión absolutamente válida”, pero relativizó que haya quienes hagan “terrorismo en las redes. A mí no me parece que personas en Twitter diciendo lo que piensan sea terrorismo. Terrorismo a mí me parece que es cuando el Estado persigue a las personas o gente poniendo bombas, gente sembrando el terror”. Quitarle el subsidio para el transporte a los discapacitados, derogar el beneficio de las tarifas de energía barata a los habitantes de las zonas frías, apalear y gasear todos los miércoles a los jubilados, proclamar que no se odia suficiente a los periodistas, quienes hacen eso están sembrando el terror. Son sus funcionarios y ministros, presidente Milei.