Es la regla básica, standard, para apretar y aflojar tornillos. Políticamente, le pongan la etiqueta que le pongan y sea el partido político que sea, es lo mismo. El resto es ajuste, represión, autoritarismo, opresión y exclusión; la izquierda es solidaridad y lucha, libertad, derechos, igualdad, inclusión.
En el último día hábil del año 2025 se presentó la plataforma política, bautizada «Consolidación Argentina”, un heterogéneo armado político que incluye desde exjugadores de futbol hasta dirigentes gremiales, exlibertarios, periodistas, exconcejales, etc. La elección del lugar, el Club de Pescadores, ilustra sobre la posible voluntad de “pescar” algo apoyando al teleevangelista Dante Miguel Gebel, un showman outsider que no palpa la realidad cotidiana de la Argentina.
En el verano, en distintas localidades del conurbano bonaerense empezaron a aparecer pintadas alusivas al outsider radicado en Estados Unidos. A nivel local, el exlibertario Sandro Paggi es uno de los que está trabajandoen ese espacio.
Más tarde, en abril de este año, en San Luis el pastor político o político pastor dio un primer paso institucional: creó el primer bloque legislativo de Consolidación Argentina.
Es cierto que en política nadie nace virgen, pero un espacio que “intenta correrse de las identidades partidarias tradicionales” empiece integrando en sus filas a políticos de distintos signos, es decir, la vieja política, no es muy buena señal que digamos, amén de contradecirse con su pretensión de armar “partido absolutamente nuevo”, salvo que tenga una muy buena cintura política como Juan Domingo Perón, la cual, si la tiene, está allá muy en el fondo.
Tal vez el pastor que quiere ser dirigente político se olvidó de la enseñanza de Jesús contenida en Mateo 9:17(RVR «Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente».
O tal vez nos vengan más adelante con que este siervo de Dios recibió la Palabra y sabe cómo hacer mejor las cosas.
La experiencia en América Latina con los outsiders políticos no es muy buena que digamos. Javier Milei (2023/2027) en Argentina, Alberto Fujimori (1990/2000) en Perú, que llegó al poder apoyado por los evangélicos; Jimmy Morales (2016/2020) Guatemala, Lucio Gutiérrez (2003/2005) y Daniel Noboa (2023/2027) en Ecuador, Daniel Trump (2017/2021 y 2025 hasta la fecha), Jair Bolsonaro (2019/2023) en Brasil, por citar algunos, no son personajes para recomendar a un amigo. Gestiones autoritarias, corrupción, violación de derechos humanos, son las características generales de estos gobernantes.
Otra experiencia negativa es la de los teleevangelistas. En los 80´ en Argentina el pastor Héctor Aníbal Giménez derrochaba bondad en su ministerio “Ondas de amor y paz” hasta que un escandaloso divorcio mediático que protagonizó junto a su ex esposa, la Pastora Irma López, a mediados de los ’90, y cuando quedó involucrado en una causa judicial por estafa junto a su hermano y decidió hacer una probation para evitar ir a juicio oral.
Osvaldo Carnival, de Catedral de la Fe, que integra ACIERA, la asociación de iglesias evangélicas hija de la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, coordinó durante el gobierno de Mauricio Macri la entrega de ayudas alimentarias a los sectores más vulnerables.
En Estados Unidos, Jimmy Swaggart parecía tocar el cielo con las manos desde sus programas de televisión. Su estrella comenzó a declinar entre 1987 y 1989 cuando trascendió públicamente su afición por las prostitutas.
Fragmentación política, fin de la hegemonía de partidos tradicionales, encuestas que no logran anticipar resultados, líderes claramente antisistema, los outsiders son fenómenos se están repitiendo con cada vez más frecuencia en la política latinoamericana, obligando a académicos, especialistas en campañas electorales y estrategas a repensar la dinámica regional.
Ojo con esa pretensión de potenciar su rol de outsider. De esa manera evita definirse ante un electorado que tiene necesidad de un cambio pero positivo, en serio: cuál es su propuesta para reducir o eliminar la inflación, la política educativa que piensa llevar adelante y cuanto del PBI se va a dedicar a la educación, va a sindicalizar o no las fuerzas de seguridad, etc.
Hasta ahora, las conversaciones que han trascendido de Gebel con dirigentes sindicales y políticos no arrojan mucha esperanza de que eso suceda. Ocultar sus intenciones debería ser un llamado de alerta para el electorado, pero como el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra (Macri, Milei) quien nos dice que todavía tenga ganas de seguir tropezando y lo voten a este “vendedor de fe por TV”, quien tiene una ventaja que sus antecesores no: por ahí Dios le habla al oído.
Actualmente, Gebel es fundador y predicador de la iglesia evangélica River Church en Anaheim, California, donde reside. Tiene espacios en la TV de habla hispana de una veintena de estados, y programas tipo miscelánea donde habla de todo y también de la fe, claro.
Lucio Maggi alude a Gebel en una nota de un par de semanas atrás en El Vecinal como “el punto opaco donde intersectan la fe, el coaching ontológico, el show business y el poder” y más adelante agrega “no se puede negar que es un muchacho elástico”. Una elasticidad que abarca casi todo el arco político, cual el nuevo Mesías de la posmodernidad.
Menos mal que habla por lo menos el castellano, no es como Gonzalo Sánchez de Losada, Goni (1993/1997 y 2002/2003) el presidente de Bolivia que tenía el inglés como lengua materna y no hablaba con fluidez el idioma de Cervantes.
Después de todo, el ecléctico electorado argentino que pudo votar a Milei, puede votar cualquier cosa.
