La visita del presidente estadounidense a China ha generado todo tipo de especulaciones, más allá de las declaraciones oficiales previas de ambos mandatarios, pero hay un tema artificial que como señalara  Xi Jinping en su discurso de bienvenida: la cuestión de Taiwan.

Taiwan es una pequeña nación insular 180 km. al este de China continental. Allí se refugió en 1949 Chiang Kai-shek luego de su derrota en la guerra civil a manos de Mao Zedong. Chiang fue dictador de Taiwándesde entonces hasta su muerte en 1975 a través del decreto de ley marcial, cuando fue sucedido por su hijo Chiang Ching-kuo. Uno de los signos de cambio que traen los años, recientemente Cheng Li-wun, presidenta del Kuomintang (KMT), visitó China continental en ocasión de los actos de homenaje a Sun Yat Sen, padre de la China moderna.

La isla fue una de las piezas de Estados Unidos en la geopolítica mundial desde entonces, al punto que ocupó un sitial en la ONU en desmedro de la China continental, situación que se corrigió cuando la República Popular China (RPC) ocupó el asiento de China en la ONU desde 1971, año en que la Asamblea General aprobó la Resolución 2758, reconociéndola como el único gobierno legítimo y desplazando a Taiwán. Dicho de modo coloquial, cuando dejó de tener relevancia tras el deshielo de la Primera Guerra Fría durante el gobierno de Richard Nixon, a los descendientes de Chiang Kai-shek le pagaron una patada en el trasero.

Por eso, en el discurso de bienvenida de Xi Jinping a Trump, el mandatario del coloso asiático hizo mención a  no caer en la llamada “trampa de Tucídides”, un concepto elaborado por el genial estratega ateniense para describir el conflicto entre una potencia establecida y una emergente: ”Tengo para mí que la causa más principal y más verdadera, aunque no se dice de palabra, fue el temor que los lacedemonios tuvieron de los atenienses, viéndolos tan pujantes y poderosos en tan breve tiempo».

El politólogo estadounidense Graham T. Allison acuñó el término en un artículo que escribió en 2012 para el Financial Times, concepto que ahondó en su libro de 2017 “Destined for War”.

Sin duda que hay temas que se van a tratar en esta visita de un presidente de Estados Unidos al gigante asiático, la segunda de Trump (anterior fue en 2017) y la tercera se contamos la de Nixon en 1972. Más allá del ilegal contrato celebrado por el gobernador de Goias Ronaldo Ramos Caiado el mes pasado con empresas estadounidenses para la explotación de tierras raras “otorgando concesiones por algo que no puede hacer, porque [es competencia] del gobierno federal” como denunció Lula, el stock es insuficiente para abastecer la industria estadounidense, por lo que resulta imprescindible un acuerdo sobre ese tema con China lo más rápido posible.

Posiblemente se negocie esto con la derogación de los aranceles impuestos por Trump a los productos chinos, que si bien el costo lo pagan los consumidores norteamericanos con inflación y recesión, no deja de ser un obstáculo para las buenas relaciones comerciales.

Palabras más, palabras menos, la expresión de Xi Jinping sobre que si cooperamos el mundo estará mejor y si confrontamos perdemos todos, es un llamado de atención que aparentemente comparte Trump, porque el contrato para la venta de armas a Taiwan por valor de 11.000 millones de dólares está aprobado pero todavía no se ha puesto en vigor, alimentando con ello la preocupación de Taiwan sobre el futuro.

Signo de los tiempo modernos, las conversaciones directas entre gobernantes supera las negociaciones entre funcionarios de rango menor que caracterizaron la política internacional en el siglo XX.