Es un país ubicado en el noroeste de África. Limita con el océano Atlántico al oeste, con Senegal al suroeste, con Malí al este y al sureste, con Argelia al noreste y con el territorio del Sahara Occidental, ocupado ilegalmente por Marruecos, perteneciente a la República Árabe Saharaui Democrática al norte.

Colonizado por Francia en 1902, pasó a ser departamento de Ultramar con la reforma constitucional francesa de 1946. Tras los sucesos de Argelia y otras colonias francesas luego del triunfo sobre el nazismo en 1945, cambiaron el status jurídico de algunas colonias que les interesaba a los galos mantener en su poder.

El 90 por ciento de su territorio está ubicado en el Sahara y la mayor parte de su población de 4,4 millones habita el sur templado del país, con aproximadamente un tercio concentrado en la capital y mayor ciudad, Nuakchot situada en la costa del océano Atlántico.

Mauritania es cultural y políticamente parte del mundo árabe: es miembro de la Liga Árabe y el árabe es el único idioma oficial, aunque el francés se habla ampliamente y sirve como lengua franca. La religión oficial es el islam, y casi todos los habitantes son sunitas. En 2008 el 20 % de la población vivía con menos de 1,25 dólares por día. El país sufre varios problemas en materia de derechos humanos. Fue el último país en abolir la esclavitud, en 1981, aunque un informe de Amnistía Internacional publicado en 2018 afirmó que el número de personas esclavizadas en Mauritania podría superar el 1 % de su población lo cual supone una grave violación de los derechos humanos.

La mayor parte de los habitantes son nómades, aunque en las últimas décadas, luego de haber derrotado a las guerrillas terroristas pseudo islámicas. En 2005, el terrorismo yihadista llegó a Mauritania. Un grupo precursor de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) atacó un cuartel del ejército mauritano y mató a 15 soldados. El asalto convirtió a Mauritania en el primer país del Sahel víctima de un atentado yihadista. Pero desde 2011 no se denuncian secuestros ni actos vandálicos en esta parte del Sahel.Esto se debe a la eficaz labor de los jinetes del desierto, la caballería de camellos que protege a Mauritania contra el yihadismo. Creada en los albores del siglo XX por Francia, hoy lleva el nombre de Guardia Nacional de Mauritania, una unidad de élite que se ha convertido en una pieza clave de la estrategia de seguridad del país, sobre todo para vigilar su vasta frontera oriental de 2.200 kilómetros, limita con países afectados por la violencia extremista como Mali, Burkina Faso y Níger, caracterizada por ser una zona inhóspita y difícil de cubrir con vehículos convencionales. En ese contexto, los dromedarios han demostrado ser aliados tácticos superiores a los vehículos todoterreno: infatigables, capaces de sobrevivir semanas sin agua ni comida y adaptados al difícil terreno arenoso.

Los meharistas son una brigada especial del ejército de Mauritania, en África Occidental, cuyos hombres montan en camello. Tienen su campamento en la ciudad de Achemime, al este del país. La unidad, cuenta aproximadamente con 300 miembros, cuyo objetivo garantizar la seguridad y el bienestar de los habitantes de una gigantesca provincia Hodh Ech Chargui, a más de 1.000 kilómetros de Nuakchot, la capital, cerca del campamento de refugiados de Mbera, que alberga a unos 140.000 malienses, según ACNUR. Situada al este del país, la zona abarca más de 180.000 kilómetros cuadrados de desierto del Sáhara.

Los meharistas son gens de la brousse, gente del desierto. En un territorio donde hay pocas referencias físicas para orientarse, ellos lo hacen por las estrellas, el viento, la vegetación y los colores del suelo. Los jinetes conocen la zona como la palma de la mano y, como los demás habitantes del país, son musulmanes practicantes.

Los meharistas no son solo una fuerza militar. Hacen de mediadores en las disputas y llevan atención médica a los nómades y las pequeñas aldeas de los oasis del desierto. Son la única forma de Estado que ven lugareños por aquí. Formada también en funciones de Policía Judicial, la unidad ha sido valorada por las autoridades judiciales del país y por la población en general, que la percibe como un elemento importante para garantizar la seguridad ciudadana, según sus promotores. No solo patrullan, también recogen inteligencia, brindan atención médica y establecen contacto con comunidades nómadas, muchas de las cuales son potenciales objetivos de reclutamiento extremista. Reclutados ellos mismos entre tribus beduinas, los soldados ganan la confianza local cuidando ganado, persiguiendo ladrones o devolviendo animales perdidos.

La unidad meharista está financiada en gran parte por la Unión Europea. En 2019, una aportación europea de 3,6 millones de euros sirvió para adquirir 250 camellos y construir el fuerte. El dinero también sirve para formar a cientos de nuevos meharistas.

El éxito mauritano no se debe exclusivamente a los jinetes del desierto, pero su papel es fundamental en una estrategia que otros países del Sahel, como Chad y Níger, ya están observando con interés