El 2 de marzo último, durante el discurso sobre los resultados de su primer año de gobierno, ante el Parlamento en pleno, el presidente Yamandú Orsi encomió la entrega de la brigada de oftalmólogos cubanos, actualmente denominada Misión Milagro, y las miles de intervenciones quirúrgicas que devolvieron la visión a orientales de escasos recursos económicos.
El milagro en sí es que la asistencia médica cubana haya perdurado en el tiempo, habida cuenta de las zancadillas que la derecha uruguaya, ya sea a nivel político como gremial, le hizo a los programas respectivos de parte de quienes entienden la salud como una mercancía y no como un derecho humano.
La Operación Milagro fue una iniciativa de los presidentes Fidel Castro de Cuba y Hugo Chávez Frías de Venezuela con el objetivo de operar a seis millones de personas en diez años, tanto en Cuba como en los centros oftalmológicos habilitados de otros países con el objetivo de eliminar la ceguera
En el año 2005, durante el primer mandato del presidente Tabaré Vázquez, Uruguay se incorpora formalmente a este programa y viajaron a Cuba las primeras 13 personas para operarse, y al poco tiempo empezaron los obstáculos. En abril de 2006 el gobierno uruguayo decidió rescindir un convenio para operar en forma gratuita a beneficiarios de un plan estatal, y la Sociedad Uruguaya de Oftalmología denunció el envío de pacientes a Cuba para ser operados gratis. Posteriormente, el 23 de mayo, la SAQ (Sociedad Anestésico Quirúrgica) que agrupa a más de 1.500 cirujanos oftalmólogos y anestesistas, denunció penalmente a Carlos Sierra, Yamila Moreno y Rosa Mir, por «ejercicio ilegal de la medicina» en Uruguay en el marco de la misión denominada Operación Milagro. «Los enemigos principales de la Operación Milagro son los oftalmólogos ricos que cobran miles de dólares por esos servicios», afirmó Fidel Castro, y tenía razón. Entre U$S 1.500 y $ 3.000 salían las operaciones de cataratas, algo fuera del alcance de los sectores vulnerables.
El 29 de noviembre de 2007 se inauguró el Hospital de Ojos «José Martí» en uno de los pabellones del Centro Hospitalario del Norte «Gustavo Saint Bois». Uruguay aportó la estructura edilicia y los recursos humanos, mientras que Cuba aportó la tecnología y el personal capacitado para el manejo, mantenimiento, adiestramiento y capacitación de los técnicos locales. En el Hospital de Ojos se realizan tratamientos de oftalmología general, glaucoma, retina, cataratas, pterigión, miopía y oculoplastia, diagnósticos; cirugías, tratamiento láser para retinopatías diabéticas y aplicación de inyecciones de Avastin. Este centro también colabora con el Hospital Pereira Rossell en el control oftalmológico del niño sano. Las personas que acceden a estos servicios son usuarios de ASSE (Administración de los Servicios de Salud del Estado). Además tienen convenios con BPS (Banco de Previsión Social), a través de la Organización Nacional de Jubilados (ONAJPU), para atender a jubilados y pensionistas de todo el país; PIT-CNT, AEBU, Hospital Policial, Sanidad Militar y la Asociación Sindical de Cooperativistas del Transporte, garantizan el traslado de las personas hasta el hospital. Las personas del interior del país que deben viajar a Montevideo a consultas y tratamiento reciben por parte de cada Unidad Ejecutora de ASSE los pasajes para el paciente y sus familiares. En caso de no contar con alojamiento se brindan las instalaciones del centro Tarará-Prado.
La respuesta corporativa no se hizo esperar. Los primeros días de diciembre una asamblea de afiliados de la Sociedad de Oftalmología del Uruguay (SOU) decidió no trabajar en el «hospital de ojos» del Saint Bois mientras se mantengan en sus cargos los médicos cubanos contratados por el gobierno uruguayo. La ministra de Salud Pública María Julia Muñoz dijo que su trabajo era aceptado porque el equipamiento utilizado es de procedencia cubana y no se maneja aún en el país.
Uruguay cuenta actualmente con dos convenios vigentes para la atención oftalmológica y ortopédica por parte de profesionales cubanos y uruguayos. Desde el año 2007 se encuentra en funcionamiento el Hospital de Ojos José Martí, que ofrece servicios de oftalmología general, glaucoma, retina, catarata, pterigium, miopía y oculoplastia. Por otra parte, se cuenta con el convenio para la atención en el Centro Nacional de Ayudas Técnicas y Tecnológicas (Cenatt) que se firmó en el año 2008 y depende del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) a través del Pronadis. Este centro está ubicado en Camino Castro y Molinos de Raffo, Montevideo, y gestiona soluciones técnicas para personas con discapacidad en situación de vulnerabilidad a las que se les proporcionan sillas de ruedas, bastones, audífonos, entre otras cosas.
Pese a todos los obstáculos, el balance de lo actuado durante el año 2025, según un despacho de la Agencia Prensa Latina, es altamente positivo refirió la doctora Evelyn Almira al presentar el informe del accionar del contingente sanitario caribeño. 37 mil consultas que abultan el listado histórico acumulado hasta más de 930 mil. Los oftalmólogos cubanos van a otras localidades en busca de pacientes con dolencias de la visión: son las pesquisas que realizan los sábados y el año pasado fueron más de cuatro mil para un total histórico de 219 mil 785, en 18 años fueron más de 119 mil las operaciones quirúrgicas. La doctora cubana Marisol Durán, nacida en la oriental provincia de Holguín y con doble especialidad médica: especialista en primer grado de oftalmología y de Medicina General Integral, es otra de las profesionales caribeñas que atiende en el Hospital de Ojos.
Según datos oficiales, el hospital ha realizado más de 916.000 consultas y cerca de 218.000 evaluaciones desde 2007.

Los miembros de la brigada cubana, a menudo conocidos como el «ejército de las batas blancas», describen su trabajo como una misión humanitaria. “Hay muchos valores que definen al ejército de batas blancas de Cuba: humanismo, altruismo e internacionalismo, que llevamos a cualquier país del mundo, siempre con amor, con respeto y salvando vidas”, sostuvo Evelyn Almira, jefa de la Brigada Médica Cubana al ser consultada la semana pasada. Nos persiguen, quieren debilitarnos, quieren eliminarnos, pensando que el gobierno cubano es el que se beneficia, y eso no es cierto. Trabajamos en todo el mundo”, añadió.
Actualmente la colaboración cubana se encuentra enfrentando una siniestra campaña de descrédito contra la asistencia médica que brinda la isla a más de 60 países del mundo. Esta campaña sucia contra la acción humanitaria cubana utiliza grandes medios de comunicación, como The New York Times, para difundir mentiras y engaños sobre este tipo de colaboración. El impresentable Luis Leonardo Almagro Lemes, exsecretario general de la OEA (Organización de Estados Americanos) tildó a “las famosas misiones de médicos cubanos, que actúan bajo una supuesta solidaridad revolucionaria”, como “destinadas a la búsqueda de efectos políticos en sus destinatarios, más que a salvar vida”.
Las misiones médicas cubanas han sido objeto de escrutinio en varios países, entre ellos Honduras, Guatemala y Jamaica, donde los acuerdos no se renovaron en 2026 tras la presión y las acusaciones de Estados Unidos sobre posibles violaciones laborales.
En Uruguay, el senador del Partido Colorado Pedro Bordaberry, hijo del dictador Juan Ma. Bordaberry, ha sido uno de los más furibundos críticos de la participación de los médicos cubanos de la Misión Milagro. Representante de una fuerza política residual que en algún momento fue hegemónica en el Uruguay y ahora sólo gestiona el norteño departamento de Rivera, cree que la gente es tonta, no ve, no analiza la realidad.
En esto es coherente con el planteo de sus socios de la coalición opositora, el Partido Nacional (blancos). Todavía no tomaron conciencia de que esa oposición cerril, por momento guaranga y obscena, que le hacen a la izquierda y al gobierno del Frente Amplio, fue la causa de su derrota en el 2024, y de seguir en la misma tesitura, en el 2030 volverán a morder el polvo de la derrota, más allá de las candidaturas paupérrimas que levantaron en la mencionada elección (Álvaro Delgado / Shirley Valeria Ripoll Fraga) no eran queridas ni siquiera por sectores blancos.


