El domingo 25 de enero se cumplieron 29 años del  asesinato de José Luis Cabezas. Fue hallado esposado, con signos de haber sido brutalmente golpeado y dos tiros en la cabeza, dentro de su auto calcinado, en una cava en el partido de General Madariaga a la altura del kilómetro 385 de la ruta 11. La cava fue declarada «sitio histórico» para el Partido de General Madariaga «por ser el espacio que atesora la memoria de un crimen ideado y ejecutado por el poder de turno en la década de los 90”.

La lucha llevada adelante por ARGRA (Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina) rompió el muro de ocultamiento corporativo mediático policial. Fue un acto de amedrentamiento del poder fáctico al periodismo independiente en su conjunto.

El motivo del crimen fue haber fotografiado al “empresario” Alfredo Yabran, que fuera denunciado en 1995 por el entonces Ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo como “el jefe de la mafia”, y del cual hasta el momento no se tenían fotografías.

En los recordatorios de ayer en redes sociales y publicaciones, en general se omite el rol de la Policía Bonaerense en el crimen: si bien este no fue cometido en forma institucional, si hubo funcionarios policiales de distinta jerarquía que tuvieron relación con el hecho.

Un mes antes del crimen, el oficial de policía de la Bonaerense Gustavo Prellezo, condenado como uno de los autores materiales del hecho, se reunió con Yabrán en Buenos Aires, en las oficinas que el empresario tenía en Carlos Pellegrini al 1100. Junto a un grupo de delincuentes conocidos como «Los Horneros» (por el barrio de las afueras de La Plata de donde eran residentes, junto con Prellezo).fue quien encabezó la autoría material del crimen con la colaboración además de otros tres uniformados y del jefe de seguridad de Yabrán,  Gregorio Ríos.

La historia oficial dice que el homicidio fue cometido en tiempos en que Duhalde, en representación del Partido Justicialista, buscaba suceder a Menem, quien ejercía su segundo mandato como presidente y buscaba un tercero, para impedir que el entonces gobernador llegara a la primera magistratura, como si necesitara de votos para ocupar cargos electivos como lo demuestra lo sucedido en 1974 con el intendente de Lomas de Zamora Pedro Pablo Turner.

Para el colega Raul Kollman, el motivo sería otro: sostuvo que el móvil del asesinato era una foto de Cabezas en la nota “La maldita policía” de Carlos Rutil y Ricardo Ragendorfer publicada por Perfil, que denunciaba a los poderosos y multimillonarios comisarios (Mario El Chorizo Rodríguez, Mario Naldi, Oscar Coco Rossi y otros) que trajo como consecuencia que Duhalde pasara a retiro a toda esa camada.

Perlitas del caso: el abogado de “Los Horneros fue Fernando Burlando (el también defensor de Alfredo Pesquera, el responsable del “accidente” que le costó la vida a Rodrigo Bueno y a Fernando Olmedo) cuyos honorarios están muy lejos del poder adquisitivo de unos delincuentes de baja estofa como ellos.

Y el eterno Ramón “Palito” Ortega, por entonces compañero de fórmula presidencial de Duhalde, fue el que pagó los honorarios del defensor de Prellezo, Hernán Mestre.

Salvo Sergio Cammaratta, quien murió en el penal de Dolores en 2015, y Miguel Retana, que murió por una afección originada por el SIDA en la cárcel en 2016, el resto de los condenados está en libertad. Prellezo se recibió de abogado en la cárcel pero no pudo disfrutar mucho del título porque el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal lo excluyó de la matrícula en noviembre de 2020, pero en 2023 la Justicia lo habilitó para que ejerza como abogado, después de rechazar la decisión del Comité de Disciplina del Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal (CPACF) de quitarle la matrícula. La Cámara en los Contencioso Administrativo Federal así permitió que un criminal que estaba inhabilitado por los artículos 44 y 45 de la Ley 23187 pueda ejercer como abogado, algo que le habían denegado en Provincia y CABA.

Se condenó a los autores materiales, el presunto autor intelectual se ¿suicidó o lo suicidaron? y los verdaderos responsables de la cruel ejecución de un periodista que no pudo ver crecer a sus hijos quedaron desdibujados en la nebulosa.