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Este viernes 9 de octubre Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, concedió a Navanethem “Navi” Pillay (85) el Premio Nobel de la Paz por “sus…

Este viernes 9 de octubre Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, concedió a Navanethem “Navi” Pillay (85) el Premio Nobel de la Paz por “sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional”.

En un mundo convulsionado por la pulverización del derecho internacional por obra y gracia del pedófilo amigo de Espstein y actual inquilino temporal de la Casa Blanca, la noticia es un bienvenido halito de esperanza. El cinismo trumpista es tan grande, que días atrás dijo que debería darle este año el Premio Nobel de la Paz porque “resolví ocho conflictos y evité, quizás, la destrucción total del mundo”. Desmemoriado además de cínico, el apoyo al genocidio israelí en la Franja de Gaza, el bombardeo a una escuela en Irán donde murieron más de 140 niños y niñas, los asesinatos de más de 100 civiles en las ejecuciones extrajudiciales en el Caribe con los ataques a las supuestas narcolanchas no son precisamente méritos para aspirar a tal distinción.

Nació Navi en Durban, provincia de Natal, Sudáfrica, en el seno de una familia de origen tamil, pueblo dravídico del sur de la India y de Sri Lanka con una larga tradición de lucha. Sus padres, imbuidos de esa tradición, no obligaron a Navi a casarse en su infancia, prefirieron que al igual que sus otras dos hermanas, estudiara. Se graduó en la Universidad de Natal, y se doctoró en Derecho por la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard en 1982.

Militante social y política desde siempre, utilizó su profesión para defender numerosos presos políticos detenidos sin juicio, muchos de ellos activistas contra el apartheid, apoyó el sindicalismo y la lucha por los derechos de la mujer en una Sudáfrica racista y autoritaria.

En 1992 cofundó el grupo internacional de derechos de las mujeres Equality Now, una organización con sede en Nueva York que lucha por los derechos de las mujeres y niñas a través de reformas legales, incidencia política y colaboración con organizaciones locales.

Actualmente preside la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, con sede en Madrid

Entre 2021 y 2025 presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre los Territorios Palestinos Ocupados, que en su informe final concluyó que Israel estaba cometiendo genocidio contra los palestinos en Gaza.

Poseedora de una alta cuota de ironía, cuando se enteró que había recibido el Nobel de la Paz, en obvia referencia a María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025 que ofreció compartir su premio con Donald Trump después del bombardeo y secuestro del presidente de su propia patria, bromeó sobre los reclamos del republicano. “Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con Trump”, dijo, según publicó en redes sociales la secretaria general de Amnistía Internacional.

En el plano internacional, desde el año 1995 al 2003 fue jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y su presidenta desde 1999 a 2003. De 2003 a 2008 fue jueza en la Corte Penal Internacional en La Haya. Desde 2008 hasta 2014 fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, y entre otras distinciones, recibió en 2021 la Medalla de Honor Ruth Bader Ginsburg, que recuerda a la primera mujer judía en integrar la Corte Suprema de Estados Unidos y otorga la World Jurist Association (Asociación Mundial de Juristas), organización fundada en 1963 que aboga por “un mundo regido por la ley, no por la fuerza”; el premio Defender of Democracy Award de PGA (2014), el Stockholm Human Rights Award (2010) y el Premio de la Paz de Sídney (2025)

Su candidatura como Alta Comisionada para los Derechos Humanos estuvo a punto de naufragar, en su momento, por la oposición de Estados Unidos, aunque gestiones diplomáticas de alto nivel hicieron que EE.UU desistiera de obstruir la designación.

Como no podía ser de otra manera, el Gobierno israelí denunció que el galardón legitima el odio contra Israel y cuestionó la trayectoria de la jurista sudafricana, por cierto mucho más encomiable que el prontuario de muchos de los sionistas que asesinaron al conde Folke Bernadotte y han sido funcionarios del gobierno del Estado de Israel.