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LA CUESTIÓN ES ENTRE LA SOLIDARIDAD Y EL INDIVIDUALISMO

En las elecciones celebradas en Brasil el pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,1% de los votos válidos frente al 45,0% de Lula da Silva, una…

En las elecciones celebradas en Brasil el pasado 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,1% de los votos válidos frente al 45,0% de Lula da Silva, una diferencia de unos 2,5 millones de votos.

Inmediatamente, la prensa hegemónica y sus socios empezaron a batir el parche sobre que Lula no lograría revertir el resultado en la 2da. Vuelta programada para el 25 de octubre, y anticiparon un triunfo de Bolsonaro.

Y otra vez la cantinela del avance la ultraderecha, a lo que se agrega la pérdida del arraigo de Lula en los sectores populares.

En primer lugar, Bolsonaro no ganó solo. Los aranceles de Estados Unidos contra el gigante sudamericano establecidos por Donald Trump a pedido del candidato golpista y su familia, más el aliento indisimulado desde la Casa Blanca y los trumpistas de la periferia, constituyen un ejemplo claro de ingerencia que muchos analistas no consideran, incluido la suspensión temporal el viernes 2 de octubre de los servicios consulares en las embajadas de Estados Unidos y Australia “por motivos de seguridad”.

El director general de la Policía Federal de Brasil, Andrei Rodrigues, está investigando una posible interferencia externa de Estados Unidos en las elecciones, tras recibir la denuncia presentada esta semana por la Abogacía General de Brasil, a raíz de una investigación periodística del diario británico The Guardian. En la publicación, figura que el Departamento de Estado de Estados Unidos desvió un millón de dólares del Fondo de Derechos Humanos y Democracia para el programa “Combate al lawfare y a la censura en Brasil” Dichos fondos estadounidenses habrían sido destinados a financiar redes y organizaciones en territorio brasileño con el fin de interferir en el debate político y “desestabilizar y atentar contra la institucionalidad del Poder Judicial brasileño”.
Uno de los factores que se mencionan como determinante del resultado electoral es el voto de los sectores evangélicos de derecha, una simbiosis fatal para los pueblos latinoamericanos, que se puso en práctica en la década del 60 del siglo pasado.

Tras el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959, Estados Unidos desplegó una serie de iniciativas para frenar la propagación de esas “ideas disolventes”, combinando acciones en el campo social con iniciativas militares.
En 1960, se creó la Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA) “un foro de debate y cooperación militar que reúne a los ejércitos del continente para fortalecer la integración, la confianza mutua y el intercambio de experiencias en seguridad y defensa” según su manifiesto fundacional.

El 1 de marzo de 1961 el presidente John F. Kennedy promulgó la Orden Ejecutiva 10924, creando los Cuerpos de Paz, cuyo propósito era «promover la paz y la amistad mundial”, motorizando una iniciativa del senador Brien McMahon de 1952.
Entre el 17 y 19 de abril, JFK autorizó la invasión a Cuba por cerca de 1.400 exiliados cubanos anticastristas agrupados en la Brigada 2506, entrenados, equipados y financiados por la CIA en Honduras y Guatemala.

En la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) realizada en Punta del Este (Uruguay) del 5 al 17 de agosto de 1961, a instancias de Estados Unidos se aprobó la constitución de la Alianza para el Progreso, que entre sus objetivos específicos tenía “la eliminación del analfabetismo de adultos para 1970 y la Reforma Agraria”.

Una de las consecuencias de la Revolución Cubana tuvo lugar en el campo religioso evangélico. Muchas iglesias de ese campo tenían fuertes lazos con Wáshington, como la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA). En 1969 obtuvo su autonomía, independizándose de la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos, proceso que se dio en la casi totalidad del continente.

En el campo evangélico, el gobierno norteamericano, a partir de 1960, motorizó diversas manifestaciones que, surgidas al calor de los avivamientos religiosos de principios del siglo XX, pululaban en los Estados Unidos. Con fondos frescos y apoyo de la CIA y las embajadas norteamericanas en cada país, desplegaron templos por toda América Latina donde se predicaban fundamentalmente las bondades del espíritu protestante que tan bien plasmara Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”: la ética del trabajo que hace hincapié y defiende que el trabajo duro, la disciplina y la frugalidad son el resultado de la adscripción de una persona a los valores del cristianismo protestante. Una exaltación del individualismo feroz que se prolongó hasta nuestros días, que hace que cada individuo piense en pedirle a Dios que lo prospere sólo a él, sin preocuparse por el hermano que tiene al lado.

Entre otras acciones llevadas a cabo por esas organizaciones religiosas, estuvo el apoyo de las ideas del Banco Mundial sobre el control de la natalidad. Se enfatizaba que traer hijos al mundo sin tener las condiciones necesarias para criarlos correctamente era algo negativo, y por eso propugnaron las campañas ilegales de esterilización masiva en América Latina, como las realizadas en Perú durante la dictadura de Alberto Fujimori.

Lula tiene enfrente un enorme desafío: remontará la cuesta si logra convencer a una parte de los 33.000.000 de brasileños que no fueron a votar, que la solidaridad es un valor, que la vivienda y los derechos humanos son un derecho humano y no un negocio. Tiene experiencia y cintura política forjada en una vida de lucha, por lo que no es imposible que lo logre.