El 19 de junio se cumplieron 262 años del nacimiento de José Gervasio Artigas, Protector de los Pueblos Libres y padre del federalismo y con ese motivo entrevistamos al Profesor de la Universidad Nacional de La Matanza y de la Universidad Nacional del Arte (UNA) Eduardo Nocera, quien es además vicepresidente del Instituto del Ideario Artiguista (IIDEART) y autor de “Quién es Artigas”, un libro sobre la vigencia del pensamiento del caudillo que el mitrismo argentino y la oligarquía uruguaya quisieron confinar a la Banda Oriental pero tiene proyección latinoamericana.
LH: La historiografía liberal en sus intentos por separar a Artigas de la Argentina lo ha presentado siempre como un caudillo oriental, pero en realidad es un patriota latinoamericano.
EN: Claro. ¿Por qué es americano? Uno puede pensar en la formación social americana, en cómo se generó a partir de esos tres ingredientes básicos, fundamentales: pueblos originarios, blancos europeo fundamentalmente español pero también portugués, y finalmente el hombre esclavizado, el afro. Con esos tres ingredientes se organiza la masa social, surge de esos 300 años de sociedades del período colonial. Esos estamentos sociales ninguneados, oprimidos, imposibilitados del ascenso social, castigados, son los protagonistas de la emergencia del artiguismo: sectores que en su gran mayoría se asientan en el espacio rural y allí surge el movimiento. Tenemos un componente americano en los actores que protagonizan el movimiento emancipatorio, pero además tenemos un movimiento americano porque el proyecto de Artigas es americano, está relacionado directamente con esos pobladores. El tema de la tierra, perfectamente documentado como una necesidad de las provincias futuras, de los pueblos mal llamados interiores. Necesitaban un sistema de distribución, de reparto de la tierra. El artiguismo focaliza en eso. Y también hay un tema vinculado a los ríos, las aduanas y las producciones autóctonas, para una defensa ante el avasallamiento de las producciones extranjeras. Hay un Reglamento Aduanero en el artiguismo. Los componentes del artiguismo y el programa son profundamente americanos y la forma en que se lleva adelante el programa también es americana, porque no es una forma que habla en inglés o en francés, sino que es una forma que respeta las tradiciones y las raíces de los pueblos que se confederan en el artiguismo, criollaje fundamentalmente hispano. Vemos un americanismo muy grande en todo lo vinculado a Artigas y el artiguismo.
LH: Dices que la mayor raigambre de Artigas es rural. ¿Quizás por esos sus enemigos estén entre los oligarcas de Montevideo y Buenos Aires?
EN: Hay una incomprensión, más allá del aspecto de la propiedad de la tierra, que recién surge en 1815 y el artiguismo es un proceso iniciado en 1811. Hay toda una mitad del proceso donde el sistema de la tierra no está en discusión todavía, podemos separar esos nueve años en cuatro y pico. La tierra se discute en setiembre de 1815, a mitad del proceso está el problema de la tierra a punto de ser resuelto, tampoco despreciando la propiedad privada: Artigas no es un expropiador nato. La seguridad de los hacendados va a estar dada por el poblamiento que permitirá el trabajo y la producción provincial y alejará a los delincuentes de las propiedades privadas. Claro que las oligarquías están completamente en desacuerdo con esta medida pero fundamentalmente porque la mentalidad de las ciudades-puerto que es donde se asienta la oligarquía, propietarios ausentistas del espacio rural, tiene una mentalidad más bien iluminista, liberal, enciclopedista. En cambio la mentalidad de las familias que conforman los pueblos que se conforman y confederan con el artiguismo tienen una cosmovisión mucho más arraigada en esos tres siglos, están mucho más influenciados por un legado que viene de la propia conformación de los ayuntamientos y los municipios en aquella España medieval. Reflejan un estado de cosas y de ambiciones que tiene una lógica con sus propias vidas pasadas y la de sus familiares.
LH: Cuando Artigas habla del reparto de tierras dice que se deben utilizar las propiedades de los malos europeos y peores americanos, por un lado; y por el otro lado está haciendo lugar, como estadista, a lo que le pedían los estancieros y los hacendados de que se controlara un poco los gauchos dispersos que por razones de la guerra practicaban el pillaje, algunos por cuenta propia.
EN: El pillaje era una táctica muy común de los ejércitos patriotas que enviaban a las ciudades-puertos: todos se alimentaban de lo que podían conseguir en la campaña y ahí no importaba demasiado la propiedad ni el estado de la pradera. Esas partidas sueltas por supuesto que existieron y hay documentación sobre las protestas de los propietarios y el rol que tomó el cabildo de Montevideo que cajoneaba las medidas que Artigas pensaba para la distribución de la tierra y las herramientas que solicitaba: estaban las famosas cartas sobre los abipones y el cabildo montevideano hace la vista gorda. Evidentemente el proceso artiguista va creciendo en la profundidad de sus medidas que están vinculadas a los actores sociales que lo motivan. Aquí, a diferencia de los otros procesos de las revoluciones americanas, que entiendo conforman la gran revolución continental hispanoamericana, no tenemos una ciudad-puerto que sostenga la revolución artiguista, porque el cuartel general de Artigas está en Purificación por un período muy breve de tiempo, no hay recursos económicos que surjan de aduanas que centralizan el comercio exterior y puedan volcar recursos para la formación de ejércitos: armamentos, pólvora, municiones, alimentos, etc. Toda esa revolución artiguista se da por la propia intencionalidad de su sujeto revolucionario, de esos pueblos interiores, de esa confederación, ese sistema de pueblos libres: ahí está el pueblo, el que entrega su vida por la causa que es común a todos los pueblos y a todas las direcciones de esa revolución y que poco a poco va a interpretar, en octubre de 1811, con la firma del armisticio, un aviso de que tal vez la agenda comercial de Buenos Aires, que prefiere el desbloqueo de su puerto, es más cara para la clase dirigente porteña, que la propia unión con los pueblos y los estímulos de libertad y de reforma social que el artiguismo entendió que conformaban el eje de la revolución.

