En diciembre del año pasado y los primeros meses de 2026, han tenido lugar en Teherán y en las principales ciudades de la nación persa, manifestaciones de “opositores”, que primero empezaron protestando por la difícil situación económica y luego derivaron hacia el incendio y vandalización de edificios públicos y mezquitas, una metodología que en distintas partes del mundo ha puesto de moda la Generación Zapallo.

La prensa hegemónica dio amplia cobertura a las manifestaciones, que de espontáneas tienen muy poco. El exdirector de la CIA Mike Pompeo declaró públicamente durante los recientes disturbios instigados desde el extranjero que los servicios de inteligencia israelíes habían estado activos dentro de Irán.

De hecho, la radio de Israel dedicó varias horas de emisiones en farsi, el idioma iraní, para fogonear los incidentes, y el gobierno de Irán anunció la ejecución de varios agentes del Mossad (el servicio secreto israelí) detenidos durante los disturbios, que sumados a los ejecutados luego de los ataques sionistas del año pasado, suman 17.

Informes de Yousef Ramazani difundidos en redes sociales la semana pasada, alertan sobre dos fenómenos paralelos en relación con la situación en Irán. Por un lado, la violencia ejercida por grupos “opositores” que adscriben su pertenencia al depuesto sha Mohamad Reza Pahlevi y a quienes la prensa occidental presenta como los únicos protagonistas de los disturbios, y por el otro lado, en simultáneo, la extensión de esa violencia hacia los núcleos de residentes iraníes en América del Norte y Europa. La diáspora iraní en América del Norte y Europa es un espacio marcado por un intenso debate político y divisiones ideológicas, sobre todo desde 1979 con el triunfo de la revolución Islámica, entre los nostalgiosos de la monarquía y los que levantan la figura de Mohammad Mossadegh, el exprimer ministro que nacionalizó el petróleo iraní en 1951 y fue víctima del golpe de Estado de 1953, bautizado como Operación Ajax por sus organizadores, el MI6 británico y la CIA (Agencia Central de Inteligencia) norteamericana. La detención, tortura y encarcelamiento del además principal político opositor y el asesinato y tortura de muchos de sus militantes es lo que provocó la salida al exilio de muchos de sus seguidores.

El 12 de febrero de 2026, en Hamburgo, Alemania, Morteza Sadeghi, ciudadano afgano de 43 años y propietario del restaurante Sepideh, fue apuñalado mortalmente tras una disputa presuntamente vinculada a la exhibición de la bandera monárquica pahlavista del león y el sol.

En Canadá, el 4 de febrero, Masoud Masjoudi, activista político iraní-canadiense, fue reportado como desaparecido. Un día después, su cuerpo fue hallado en la escalera de emergencia de un edificio residencial de gran altura en Vancouver.

Masjoudi había iniciado procedimientos legales ante la Corte Suprema de Columbia Británica relacionados con campañas de acoso en línea que, según él, estaban conectadas con individuos pertenecientes a círculos monárquicos y había denunciado haber recibido mensajes amenazantes en las semanas previas a su muerte.

Semanas después, Mohsen Ahmadipour fue asesinado en Toronto.

En Viena, varios propietarios de restaurantes iraníes denunciaron haber sido abordados por agentes pahlavistas que los instaban a exhibir imágenes de Reza Pahlavi y la bandera del león y el sol asociada con la monarquía iraní anterior a 1979. Quienes se negaron describieron haber enfrentado intentos organizados para disuadir a los clientes de ingresar a sus establecimientos, incluidas manifestaciones y episodios de violencia frente a sus locales. Relatos similares han surgido en Los Ángeles, hogar de una de las mayores comunidades iraníes fuera de Irán.

Aquí también aparece la conexión israelí. La alineación entre ciertos grupos monárquicos antiraníes y redes de lobby proisraelíes proporciona un contexto clave para comprender las recientes tensiones políticas y los episodios de violencia dentro de sectores de la diáspora iraní. Durante la guerra en Gaza, simpatizantes monárquicos estuvieron presentes en varias manifestaciones proisraelíes en capitales occidentales. Sus partidarios describen su participación como basada en una oposición compartida a la República Islámica. Los grupos monárquicos también se han alineado cada vez más con movimientos de extrema derecha en Europa y América del Norte, compartiendo plataformas con voces antiinmigración y provocadores islamófobos. Expertos que examinan los asesinatos en Canadá señalan que las víctimas eran personas que habían roto con el movimiento monárquico o se habían alineado con facciones rivales, lo que sugiere una estrategia calculada para neutralizar cualquier desafío al liderazgo de Reza Pahlavi.

Muchos ven en estos episodios la mano de la SAVAK, la policía política del régimen monárquico, sinónimo para muchos de vigilancia política, detenciones e interrogatorios coercitivos.

Por otra parte, los gobiernos que persiguen, detienen y encarcelan a manifestantes propalestinos, son los mismos que ofrecen un manto de inmunidad frente a procesos judiciales de la que gozan los responsables, lo que refuerza, para algunos analistas, la hipótesis de que estas operaciones avanzan con la protección activa o la ceguera deliberada de las autoridades de los países anfitriones, un nivel de libertad operativa característicamente concedido a activos que actúan en favor de aliados estratégicos.

Las investigaciones sobre los crímenes y atentados están en vía muerta o han sido cerradas, lo que evidencia también una suerte de asentimiento y complicidad con los hechos que debieran ser esclarecidos.

En medio de todo eso, el hijo mayor del extinto sha, Reza Korosh Pahlaví, príncipe heredero de Irán, ha actualizado sus pretensiones al trono del que fuera depuesto su padre con la muletilla del “cambio de régimen”, y no escatima esfuerzos en ese sentido. Ha intentado, sin éxito, lograr que Trump invada Irán con ese objetivo, un nivel de patriotismo similar al de la ultraderecha venezolana, que pidió la invasión de Venezuela y festejó el ataque artero del 3 de enero pasado y el secuestro del presidente constitucional del país bolivariano, Nicolás Maduro moros, y su esposa Cilia Flores.