China lidera la industria naval mundial,
consolidando su dominio en construcción, producción y control de la cadena
logística, gracias a inversiones estratégicas, una vasta infraestructura portuaria y
un fuerte apoyo estatal que le permite fabricar más del 50% de los barcos nuevos
y en cartera, superando a Corea del Sur y Japón. Su control abarca desde el
acero hasta la fabricación de buques de alto valor, impulsando la «Economía Azul»
y fortaleciendo su influencia geopolítica a través de la Iniciativa de la Franja y la
Ruta.
La industria de la construcción naval de China continúa con viento en popa. En
2024, consolidó su posición como líder mundial tras encabezar por decimoquinto
año consecutivo los tres principales indicadores del sector. Según datos del
Ministerio de Industria y Tecnología Informática, el volumen de construcción
completado por el país asiático representó el 55,7 % del total mundial. Asimismo,
recibió el 74,1 % de las nuevas órdenes y concentró el 63,1 % de los pedidos
pendientes de entrega.
A lo largo del año pasado, y en términos de tonelaje naval, los astilleros chinos
finalizaron la construcción de 48,18 millones de toneladas, lo que supone un
incremento interanual del 13,8 %. Además, las nuevas órdenes alcanzaron los
113,05 millones de toneladas, con un crecimiento del 58,8 %, mientras que los
pedidos en cartera sumaron 208,72 millones de toneladas, un repunte del 49,7 %
respecto al año anterior.
El impulso exportador también fue impresionante. De acuerdo con la
Administración General de Aduanas, China exportó 5.804 embarcaciones en 2024,
un 25,1 % más que el año anterior, por un valor de 43.380 millones de dólares, lo
que significa un aumento del 57,3 % comparado con el mismo período.
El académico Cong Yi, de la Escuela de Administración de Tianjin, subrayó que
los buques representan uno los productos más emblemáticos del desarrollo
industrial de China, ya que integran sectores como el siderúrgico, la maquinaria, la
electrónica y las tecnologías de la información. «El auge de la industria naval
refleja la transformación industrial que vive China», afirmó el catedrático.
El contraste hace 25 años es sorprendente, en 2000 cuando China representaba
menos del 5 % de la producción mundial de embarcaciones comerciales; hoy
supera el 55 %, una cifra sideral comparada con Estados Unidos que apenas
contribuye con el 0,1 %, según el Centro de Estudios Estratégicos e
Internacionales.
Décadas de políticas erróneas y fallidas han dejado a Washington en clara
desventaja frente a Pekín en un sector clave tanto para el comercio internacional
como para la defensa nacional. La construcción naval de EE.UU. se encuentra en
un estado catastrófico debido a décadas de políticas equivocadas, en un momento
en que la mayoría de su comercio internacional transita por mar, al igual que los
suministros básicos de sus Fuerzas Armadas. La situación se vuelve más
preocupante al compararse con la capacidad naval de China, su principal rival,
según informa The Atlantic.
Li Yanqing, secretario general de la Asociación Nacional de la Industria Naval de
China, señaló que los pedidos actuales equivalen a cuatro años de trabajo, lo que

proporciona una base sólida para el crecimiento sostenido del sector. “El éxito
chino se debe también a la cooperación global con proveedores clave”, afirmó.
Según Ernesto Martín Raffaini, director del Observatorio de los Mares de China,
“En el complejo entramado de las relaciones internacionales del siglo XXI, la
República Popular China se posiciona como un actor clave, impulsando su agenda
global a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), que va más allá del
comercio por vías terrestres o navegables, puesto que, con su carrera espacial
podemos inferir que este escenario forma también parte del proyecto.
Esta dinámica ha generado una competencia estratégica no solo con los Estados
Unidos sino también con Rusia e India. La iniciativa de la Franja y la Ruta,
lanzada por el presidente Xi Jinping en 2013, es un proyecto que busca conectar
a China con el mundo a través de una red de infraestructura que incluye ferro-
carriles, puertos y rutas terrestres y marítimas. Esta iniciativa no solo tiene un
impacto económico significativo, sino que también refuerza el poder blando de
China, extendiendo su influencia política y cultural a escala global.
En ese marco debe entenderse la construcción del puerto de Chancay en Perú. En
noviembre de 2024 se inauguró la primera etapa del megapuerto que redefine la
logística marítima, ofreciendo rutas directas y reduciendo tiempos de viaje a Asia.
Un gigantesco proyecto liderado por Cosco Shipping Company, empresa estatal
china dedicada al transporte marítimo, con una inversión total prevista de
US$3.400 millones, para construir un complejo de 15 muelles, oficinas, servicios
logísticos y un túnel de 2 kilómetros de largo para dar salida a la carga.
Con él China aumenta su capacidad para desembarcar sus mercancías en
Sudamérica y embarcar las que importa de esta región, principalmente minerales
como litio y cobre y productos agrícolas como la soja.
Un año después de inaugurado, las operaciones con carga muestran predominio
de unidades llenas sobre vacías, lo que demuestra una intensificación en las
exportaciones e importaciones.
Según denuncian fuentes cercanas a la Casa Blanca, si bien la terminal portuaria
tiene una finalidad netamente comercial, se podría convertir rápidamente en una
base naval del gigante asiático. Teniendo en cuenta que China tiene una sola
base en el mundo, en Djibuti, mientras que Estados Unidos tiene 900 bases en
153 países, la afirmación norteamericana se acerca bastante al ridículo.