LOS RECURSOS NATURALES Y EL DESTINO MANIFIESTO
En algunos sectores la invasión a Venezuela del 3 de enero pasado y el secuestro de su presidente constitucional Nicolás Maduro fueron el prolegómeno de la apropiación de…

Apoderarse del petróleo iraní es sin duda el objetivo de la guerra desatada por el actual inquilino temporal de la Casa Blanca contra Irán el 28 de febrero de este año, que por cierto tiene un final abierto pese a las rimbombantes declaraciones de Trump.
La mayoría de los medios de prensa le atribuyen el mérito (o la condena) por estas y otras acciones relacionadas con los recursos naturales al pedófilo amigo de Epstein, pero eso no es totalmente cierto.
Ya en 1630 el ministro puritano John Colton afirmaba que “ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas”, y si a esto le sumamos la doctrina del “destino manifiesto” expresada por el periodista norteamericano John L O’Sullivan en 1845, que sostenía que “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia”, se empieza a comprender que la noción de América Latina como el patio trasero de Estados Unidos no es el desquicio de un loco sino parte de un mismo corpus ideológico que ignora completamente la noción de soberanía.
A mediados del siglo XIX, el senador por Massachusetts Daniel Webster, (1782/1852), conocido tanto por sus filosos discursos como por su extensión de los mismos, pronunció uno de ellos en los que instó a fortalecer las leyes sobre esclavos fugitivos que le costó su escaño. Pero como dice un viejo refrán, “no hay desgracia sin suerte”, el 23 de julio de 1850 fue nombrado Secretario de Estado de los Estados Unidos por segunda vez (la anterior fue entre 1841 y 1843).
En el ejercicio de ese cargo pronunció un discurso de corte nacionalista- místico que ha llegado hasta nuestros días y es la base del supremacismo estadounidense-sionista. El 10 de junio de 1851, muy suelto de cuerpo, afirmó que “el carbón es un regalo de la Providencia, guardado por el creador de todas las cosas en las entrañas de Japón para el beneficio de la familia humana… La cantidad de carbón que posee ese país es tan abundante que su gobierno no tiene ningún argumento válido para no proporcionarnos de ese recurso a un precio razonable”, justificación de la expedición del comodoro Perry (1853/1854) para, so pretexto de un acuerdo comercial, apropiarse del carbón de Japón.
Esta declaración establece un precedente retórico que legitimaría la imposición norteamericana de su voluntad sobre el mundo amparada de un supuesto mandato divino: que los recursos naturales “están depositados” fuera de sus fronteras, es la base de la doctrina de América First, explicitada por Donald Trump al referirse al petróleo de Venezuela: ““Nos quitaron todos nuestros derechos energéticos… Nos quitaron nuestro petróleo… Lo queremos de vuelta”, postura ratificada por extensión por la ex general del Comando Sur Laura Richardson: “A Washington le urge aprovechar al máximo la diversidad y riqueza en recursos naturales con que cuenta América Latina… El 60 % del litio del mundo está en el triángulo de litio: Argentina, Bolivia y Chile.”
Los recursos estratégicos de la región son concebidos como reservas disponibles para los intereses estadounidenses, más allá de iniciativas tan rimbombantes como el “Escudo de las Américas” o “Panamax”.
