Los cortocircuitos entre Arabia Saudita y Estados Unidos han sido aprovechados por los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para intentar ocupar un lugar privilegiado en las relaciones con la Casa Blanca. Poseedor de una marina pequeña pero bien equipada, se afilió enseguida a la propuesta norteamericana de organizar una fuerza marítima internacional destinada a reabrir el estrecho de Ormuz. Abu Dabi además trabaja, junto con Bahréin, en un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que otorgue mandato a cualquier futura fuerza de este tipo.
Pero, contra lo que pudiera suponerse, esto no implica un alineamiento automático con Wáshington. Aprovechando la bolada, el presidente del Banco Central de los Emiratos Árabes Unidos, Khaled Mohamed Balama, planteó la creación de una línea de ‘swap’ de divisas y dejó en claro que, en caso de un déficit de liquidez en dólares, el país está dispuesto a utilizar monedas alternativas, incluido el yuan chino, para llevar a cabo operaciones petroleras y otras operaciones de comercio exterior.
El pragmatismo emiratí va un poco más allá. El jeque Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan (44), príncipe heredero de Abu Dabi, realizó una visita oficial a Pekín, China, en abril de 2026 para fortalecer la cooperación estratégica. Durante su visita, se reunió con el presidente chino Xi Jinping para abordar la estabilidad en Oriente Medio y potenciar las relaciones bilaterales.
En otra vuelta de rosca, EAU profundizó abiertamente su alianza estratégica con «Israel», ampliando la cooperación operativa y consolidándose como su socio árabe más cercano. El prestigio diario británico Financial Times reveló que «Israel» envió sistemas de armas avanzados a los EAU con el objetivo de ayudar a contrarrestar misiles y drones procedentes de Irán, que han causado ingentes daños a la infraestructura del país y ponen en peligro el papel de Dubai como centro financiero.
Eso no es todo. El 28 de abril EAU anunció su retirada de la OPE (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y su versión ampliada (OPEP+), y el domingo 3 del corriente hizo lo mismo con la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OAPEC) argumentando que su intención era de centrarse en aumentar su propia producción de petróleo.
El martes 5 EAU denunció un ataque iraní contra las instalaciones del complejo petrolero de Fuyaira. Amén de la desmentida de Teherán, el país persa no es proclive, como el inquilino de la Casa Blanca, a darse un tiro en el pie: más allá de las actuales circunstancias, el complejo ha sido modernizado y ampliado por China, y por él circula buena parte del petróleo que Irán envía el gigante asiático.
La frutilla del postre es la compra de hasta 20 aviones militares de carga a Brasil. El contrato con EAU incluye la entrega firme de 10 aeronaves C-390 y 10 unidades opcionales, un avión mediano capaz de transportar hasta 26 toneladas de carga, incluidos vehículos blindados de ruedas, lo que parecería indicar la preparación de los emiraties para un conflicto bélico a corto plazo, o bien para reforzar su rol de gendarme del golfo Pérsico.
