Perú se consolidó en 2025 como el cuarto mayor exportador de América Latina, con ventas externas por 90.082 millones de dólares, un crecimiento del 21 % interanual, según datos de la Asociación de Exportadores del Perú (ADEX). El país quedó solo por detrás de México, Brasil y Chile, y superó tanto a Colombia como a Argentina en volumen de exportaciones. El cobre y el oro explicaron en conjunto más de la mitad de las ventas externas, con subas anuales del 20 % y 47 % respectivamente. El auge exportador también fue acompañado por una mejora en volúmenes y precios, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Un elemento esencial para entender esta realidad, fue la entrada en operación del megapuerto de Chancay, construido por la estatal china COSCO Shipping con una inversión cercana a los 1.300 millones de dólares en su primera etapa sobre un total de una cifra que a largo plazo alcanzará los 3.000 millones de dólares.
En su primer año de funcionamiento movilizó 270.000 contenedores y recibió casi 300 embarcaciones, consolidándose como un nodo estratégico entre Asia y Sudamérica, por lo que China se convirtió en el principal socio comercial de Perú, concentrando más del 36% de sus exportaciones en 2025, con un crecimiento superior al 30 % como destino.
Con exportaciones récord de bienes por quinto año consecutivo y una infraestructura estratégica orientada al comercio con Asia, Perú se posiciona como una de las economías más dinámicas de América Latina.
A veces se dice que tener determinados minerales (litio) o combustibles fósiles (petróleo) es una fuente de desgracias para el país que los tiene. Pero en este caso, sin agredir a nadie, Perú, más allá de que los beneficios de la bonanza económica no se reparten por igual entre todos los peruanos sino que son acaparados por una élite oligárquica, no está agrediendo ni bombardeando ni robando a nadie.
Pero como en el siglo XIX Paraguay, el país incaico se está convirtiendo en un mal ejemplo para Wáshington por eso. La guerra no declarada de Estados Unidos a la República de China ha elegido como blanco a un país latinoamericano, sumando su nocivo injerencismo plagado de amenazas.
El 11 de febrero de 2026, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental de EE.UU sostuvo que el dinero de China «cuesta soberanía» y se pronunció en contra de la posibilidad de que el Perú quede impedido de supervisar el megapuerto de Chancay, construido mayormente por la estatal china Cosco Shipping. Estamos «preocupado por últimos reportes de que Perú podría quedar sin el poder para supervisar Chancay, uno de sus puertos más grandes, que está bajo la jurisdicción de propietarios depredadores chinos«, escribió.
La cuestión se originó porque en enero pasado, el Primer Juzgado Especializado en lo Constitucional de la Corte Superior de Justicia de Lima falló, en primera instancia, a favor de Cosco Shipping y en contra del Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán).
Desde que el megapuerto de Chancay está operativo e incluso desde antes, funcionarios estadounidenses han expresado su molestia. En noviembre del 2024, Mauricio Claver-Carone, en ese entonces asesor del equipo de transición de Donald Trump, planteó la posibilidad de aplicar un arancel del 60 % a los productos que pasen por allí hacia territorio estadounidense.
China le salió al cruce de las temerarias afirmaciones norteamericanas, y rechazó el jueves 12 las declaraciones de EE.UU, que en la víspera expresó su preocupación por la posibilidad de que Perú quede «imposibilitado» de supervisar el puerto de Chancay, bajo propietarios chinos «depredadores.” «China expresa su firme oposición y fuerte insatisfacción con la flagrante campaña de invención y desprestigio de EE.UU contra Qian Kaigang [como Pekín llama al puerto de Chancay]», afirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian. Luego el embajador chino en Colombia, Zhu Jingyang, se sumó al pronunciamiento, y agregó «China se opone enérgicamente a las falsas acusaciones y desinformación de EE.UU. contra la cooperación de China con Perú en el puerto de Chancay», escribió en X. En la misma red social la Embajada de China en el Perú sostuvo que la cooperación entre ambas naciones «siempre se basa en el respeto mutuo, el trato equitativo y las ganancias compartidas«.
Pero el imperialismo norteamericano es más porfiado que gallo comienzo tripa, como dice Alfredo Zitarrosa en su tema “De la lucha”, y siguió la pelea a nivel diplomático: «EE.UU. nunca dejaría que un tercer país, tanto China o el que sea, maneje los activos importantes, críticos del país, y eso es lo que estamos viendo con el dictamen de Ositrán. Y eso es muy peligroso«, aseguró el mismo jueves 12 el embajador estadounidense, que ocupa el cargo desde hace solo un mes en el Perú, Bernie Navarro, entrevistado por el medio local RPP.
La política exterior norteamericana, como todo el gobierno Trump, se apoya fundamentalmente en el Movimiento MAGA (Make América Great Again) a cuyos integrantes Hillary Clinton calificó de «grupo de deplorables”. Alienados de su realidad, elaboran teorías conspirativas descabelladas, mienten para hacer corroborar sus manifestaciones y son combativos y belicosos contra quienes se les oponen.
Tal vez a estos energúmenos decimonónicos les haya puesto los pelos de punta otra iniciativa china, que inicialmente estaba prevista para llevarse a cabo en el país trasandino, y la victoria del ultraderechista José Antonio Kast obligó al cambio.
Perú podría quedarse con el megaproyecto de cable submarino de fibra óptica que China planea tender para conectar el país asiático con América Latina, inicialmente previsto para Chile, informa el portal BioBioChile. El posible traslado del proyecto se debe al interés mostrado por Pekín y diversas firmas internacionales en el desarrollo de infraestructura tecnológica en Perú, algo que obviamente también le quita el sueño a Wáshington. China planeaba tender un cable submarino desde Hong Kong hasta Valparaíso, pero el 23 de febrero EE.UU. revocó las visas de tres funcionarios del Gobierno chileno implicados en el plan, acusándolos de «socavar la seguridad regional» y la respuesta del gigante asiático no se hizo esperar: la Embajada de China en Chile emitió un duro comunicado en el que señaló a Washington como «la mayor amenaza externa que enfrentan los países latinoamericanos».
Por si esto fuera poco, la multinacional italiana Enel vendió su filial peruana por 2.900 millones de dólares a China Southern Power Grid International, empresa que hoy controla por completo la distribución eléctrica en Lima.
El tema de la instalación de la fibra óptica se había colado en la campaña presidencial chilena, porque mientras Gabriel Boric lo vio como auspicioso, Kasta expresó públicamente su profundo rechazo.

