LA DIPLOMACIA DEL DIÉSEL
A comienzos de la década de 1970, un intercambio de partidas de tenis de mesa entre jugadores chinos y estadounidenses marcó el comienzo del deshielo en las relaciones…

Con ese antecedente a la vista se debe entender el acuerdo entre Donald Trump y Vladimir Vladimirovich Putin, materializado en la conversación telefónica del 9 de octubre pasado, para el suministro de diésel y petróleo ruso a Estados Unidos, que provocó un terremoto político en Europa y una oleada de críticas no sólo de los demócratas sino también en tiendas republicanas.
Algunos analistas sostuvieron que la inesperada medida estaba relacionada con las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre en EE.UU, para tratar de mitigar el impacto negativo de que el Partido Republicano perdería con total seguridad el control del Congreso y, con bastante probabilidad, también el del Senado, porque el punto que más preocupa a la ciudadanía estadounidense es la economía, en particular el aumento de los precios del combustible, que eleva los precios de casi todo lo demás. Pero las 300.000 toneladas de diésel ruso que están llegando a las puertas de EE.UU en este octubre equivalen a algo más de la mitad de lo que EE.UU consume en un solo día, y los restantes envíos llegaran después de las midterms. Además, el tiempo que tarda un cambio en el precio del diésel en los mercados mayoristas en reflejarse en los surtidores de las gasolineras suele entre 1 y 4 semanas (más cerca del 4 que del 1).
De hecho, hace rato que los republicanos dieron por perdido el Congreso (representantes o diputados) y en serio riesgo el Senado. El Congressional Leadership Fund (CLF), el gran comité externo republicano alineado con el presidente de la Cámara, Mike Johnson, ha reasignado unos diez millones de dólares que tenía previstos para Iowa, Nueva Jersey, Ohio y Michigan, y esos fondos pasan a reforzar otras campañas para la defensa de congresistas republicanos en Pensilvania, Texas, Virginia y Michigan. Porque los republicanos, (y muchos demócratas) siguen pensando que el dinero decide las elecciones. Los casos de Zohran Kwame Mamdani, alcalde de Nueva York; Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan; Melat Kiros, candidata demócrata a la Cámara de Representantes en Colorado, son ejemplos de que eso no es tan así.
¿Cuál es entonces el objetivo de esta entente ruso-estadounidense? Un primer indicio lo dio el Departamento del Tesoro norteamericano, que anunció la suspensión temporal de las sanciones sobre las entregas de diésel ruso hasta el 7 de abril de 2027, quedando autorizadas todas las transacciones relacionadas con la venta, entrega, descarga e importación de combustible diésel de origen ruso, incluida su entrada a territorio estadounidense. Posteriormente, el viernes 16 del corriente el mandatario estadounidense renunció a «las sanciones, restricciones y obligaciones previstas» en la ley que promovió Lindsey Graham, argumentando que la emisión de dicha exención en este momento redunda en el «interés nacional» del país norteamericano: Según la orden, se ha suspendido temporalmente la aplicación de aranceles del 500 % a los productos procedentes de Rusia. Además, se ha aplazado la introducción de aranceles secundarios de hasta el 100 % para los mayores compradores mundiales de productos energéticos rusos, y el pasado sábado19 el prestigioso The New York Times informó que Estados Unidos contempla reactivar las exportaciones de gas ruso hacia Europa, para facilitar las negociaciones entre Moscú y Kiev que permitan alcanzar finalmente la paz en el conflicto: “Estoy negociando la paz en la guerra entre Rusia y Ucrania, y no quiero hacer nada que, imprudentemente, aleje a Rusia de la mesa de negociaciones” dijo el inquilino temporal de la Casa Blanca.
El tránsito de gas ruso a través de Ucrania terminó en enero de 2025, cuando las autoridades ucranianas decidieron no renovar el acuerdo con Moscú.
El fantasma de la guerra inconclusa contra Irán también está dentro de la escena.
Pese a los anuncios de Trump del desminado del estrecho de Ormuz, dos cargueros hundidos y dos petroleros ardiendo que probablemente también se hundan al chocar con minas iraníes, son pruebas palpables de lo incorrecto de las altisonantes declaraciones trumpistas. Si los resultados de las midterms le son, como todas las encuestas vaticinan, adversos, el impeachment está a la vuelta de la esquina, porque las declaraciones de guerra en Estados Unidos son potestad del Senado y no del poder ejecutivo: el magnate presidente violó la ley cuando inició las hostilidades contra la nación persa, y aunque el analista jurídico Jeffrey Toobin sostenga en un artículo del The New York Times que en un eventual triunfo el 3 de noviembre, los demócratas tendrían “una victoria con las manos atadas” porque “la estructura de nuestro sistema constitucional, que más que nunca está inclinado a favor del Poder Ejecutivo”, del juicio por violar la ley difícilmente se salve.
La casi más factible victoria demócrata ha disparado también, antes que la oposición tome el control del Congreso y del Senado, el brote de islamofobia del cual es víctima la congresista por Minnesota de origen somalí Ilhan Omar, la primera mujer de confesión musulmana que logra un escaño en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Como colofón de un prologando enfrentamiento entre el primer mandatario y la legisladora de más de una década, el lunes 12 del corriente agentes federales estadounidenses registraron su vivienda en Washington como parte de una investigación penal y le confiscaron los dispositivos electrónicos, el pasaporte y la agenda. El líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, habló de «una maniobra corrupta del gobierno federal contra los adversarios de Donald Trump”, y el expresidente de EE.UU Barack Obama, calificó de «atroz» la medida porque “el hecho de que cualquier presidente o cualquier Gobierno esté dispuesto a realizar intentos tan evidentes de intimidar a alguien debería indignar a todos los estadounidenses, independientemente de lo que piensen sobre las opiniones políticas de la congresista Omar”, sobre todo porque las acusaciones sobre la congresistas no han partido de fuentes judiciales sino de páginas web controladas por los republicanos que luego los funcionarios trumpistas han convertido en brulotes seudo legales.
Buena parte de la gestión de Trump en este segundo mandato como presidente de los Estados Unidos se ha realizado mediante órdenes ejecutivas (decretos) burlando los controles legislativos y las leyes vigentes. Con el Congreso y el Senado en manos opositoras, no va a poder manejarse con la impunidad que lo ha hecho hasta ahora.
