“Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15,30 hs. se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra una neumonía y sus complicaciones. Gracias a todos por los mensajes de preocupación y el amor de hoy y siempre. Infinitas gracias al equipo profesional que hizo todo lo posible y más. Familia Rada”.
Así, sencillamente, en medio de un enorme dolor, su familia informó del fallecimiento de Rubén Rada a sus 83 años, un ícono de la música popular del Uruguay.
Omar Rubén Rada Silva nació en Montevideo el 16 de julio de 1943, pero todos lo conocían como “el negro Rada”. Músico, compositor, percusionista, cantante, actor y presentador de televisión uruguayo, su ingreso a la farándula fue en 1953, como integrante de la comparsa de negros y lubolos Morenada, y de los 15 a los 16 años, simultáneamente salió en una murga que se llamaba La Nueva Milonga y cantaba como cantante en Los Hot Blowers, el grupo de jazz fundado por Daniel “Bachicha” Lencina y que integraban además Federico García Vigil y los hermanos Hugo y Osvaldo Fatoruso.

Llevaba el candombe en la sangre, junto con su versatilidad para imprimirle una creatividad que rápidamente lo distinguió entre sus pares. Fusionó como nadie ese ritmo ancestral con el rock y fue el impulsor del candombe beat, como lo prueba su paso por “El Kinto”, “Totem” y “Opa” y la primera grabación como solista en 1969, “Las manzanas”, que se convertiría desde ese momento y para siempre en un hit.
Por esos mismos años incursionó en Buenos Aires con un personaje, “Aros” Rada, en un programa de televisión llamado “Ritmo y juventud” por Canal 11, que no tuvo mucha repercusión.
Mayor trascendencia tuvo su participación en el musical “Hair” en 1971 junto a Valeria Lynch y el otro “negro”, Fontova, entre otros artistas.
Espíritu abierto, generoso, nunca dejó “en la estacada” a ningún amigo o colega, aun cuando su situación económica no fuera muy boyante que digamos. Es una de esas figuras apreciadas por todo el espectro artístico donde quiera que fuera, no sólo por su bonhomía, sino por su serena cordialidad que infundía confianza. La composición de Lito Nebbia “Intro al Negro Rada” es un reconocimiento a esas facetas de su personalidad.
Los medios de comunicación se llenarán de notas necrológicas, y reseñaran escrupulosamente su discografía, sus creaciones memorables como “Biafra”, “Candombe para Gardel” o “Será posible”.
Para quienes pudimos verlo y disfrutarlo, y no sólo arriba del escenario, será siempre el primo de los negros del Club Aldea, que cuando venía al barrio era uno más, haciendo chistes y tomando un vino entre cuento y cuento.
“Yo quiero vivir la vida / con lo que la tierra da / junto a mis seres queridos/ cantando felicidad/¿será posible?.

