Además de la inicua agresión estadounidense-israelí desatada contra Irán el pasado 28 de febrero, Donald Trump, erigido en emperador del mundo motu proprio, ha expresado su deseo de que el pueblo iraní cambie de régimen, es decir, derroque a la teocracia gobernante. Entre las soluciones apoyadas por el inquilino de la Casa Blanca, está la restauración monárquica a manos de los hijos del difundo Mohammad Reza Pahlevi, último sha de Irán, derrocado en 1979 por la Revolución Islámica, dando la sensación de que era una monarquía sólida de larga data y querida por su pueblo.
Pero la realidad es muy otra. El fundador de la dinastía fue Reza Mirpanj, oficial de la Brigada Cosaca Persa, que derrocó a la dinastía Qajar, familia real de origen Oghuz, (que gobernaba el imperio persa desde 1785) en 1925, con apoyo británico, y se autoproclamó Sha cambiando su nombre a Reza Shah Pahlavi, (pahlavi era el nombre del idioma persa durante el imperio sasánida (224/651 D.C) maniobra que fue avalada por el parlamento con escasas excepciones, una de las cuales fue un tal Mohammad Mosaddegh, quien años después sería primer ministro y nacionalizaría el petróleo iraní.

Reza Shah hizo la vista gorda entre 1931 y 1939, cuando el instituto Oriental de la Universidad de Chicago, con una concesión obtenida por James Henry Breasted y la dirección de los arqueólogos alemanes Ernst Herzfeld, profesor de Arqueología Oriental en la Universidad de Berlín y Erich Schmidt, produjeron el mayor saqueo de reliquias históricas y culturales iraníes, que acabaron en Estados Unidos y países de Europa occidental.
Un perfecto lacayo británico el nuevo monarca. Construyó el Ferrocarril Transiraní, que conectaba el Mar Caspio con el Golfo Pérsico a un coste desastroso para Irán pero beneficioso para los británicos, a los cuales les aumentó las concesiones petroleras, que aumentaron su producción de alrededor de 37 millones de barriles en 1932 a más de 74 millones en 1938. Muy poco del dinero que eso produjo llegó al tesoro oficial, la crisis mundial golpeó al país y estallaron protestas con Reza Shah, que fueron sofocadas mediante crueles masacres. Implementó una política de centralización y persianización, cambió el nombre del país, Persia, a Irán; prohibió todos los periódicos, organizaciones y cualquier oposición, censuró la expresión intelectual y política; prohibió la vestimenta tradicional, tanto hombres como mujeres debían vestir ropa occidental y si no lo hacían, eran golpeados e incluso detenidos.
Paradigma de corrupción, una vez en el trono, este autócrata se dedicó a una apropiación masiva de tierras en todo el país, y cuando en 1941 los británicos lo derrocaron se había convertido en el mayor terrateniente del país.
Durante el reinado de Reza Shah y su hijo Mohamed Reza Shah, escritores y maestros mentían para sobrevivir y la adulación era la norma. El mito construido por los defensores de los Pahlavi de que Reza Shah construyó el Irán moderno es falso, las industrias surgieron porque los iraníes han comerciado durante siglos, los empresarios aprendieron de los europeos y establecieron fábricas, los iraníes llevaban siglos produciendo azúcar y textiles.
Tras despedir al padre en 1941, los británicos colocaron en el trono a su hijo, débil e inexperto, de 22 años. Eligieron al joven Sha precisamente porque estaban convencidos de que obedecería sus órdenes.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, las cosas no mejoraron. Inexperto como gobernante, sí, pero muy autoritario, el Sha, tan querido por algunos iraníes, era un dictador opresor.
Como había sucedido con su padre, las protestas no tardaron en suceder y nuevamente un luchador aparece en escena: Mohammad Mosaddegh. Líder clave en la resistencia al régimen, como legislador y como político, prometió poner fin al control británico de la industria petrolera iraní y fue la cabeza visible de las protestas de 1949 contra la corrupción de la monarquía. En 1951 fue elegido primer ministro y fiel a sus promesas, el 20 de marzo nacionalizó el petróleo iraní, pese a la férrea oposición de Estados Unidos y el Reino Unido, que incluso impugnó la nacionalización del petróleo ante la Corte Internacional de La Haya y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en agosto de 1953, a través de sus organismos de inteligencia, la CIA y el MI6, organizaron un golpe de Estado (la Operación Ajax) que lo derrocó. Luego de detenerlo y torturarlo, lo mantuvieron detenido tres años en una prisión militar. Cumplida la condena debió permanecer confinado en su villa de Ahmadabad, prácticamente hasta el día de su muerte. El 4 de febrero de 1967 falleció por un cáncer, fue enterrado en su propia casa para evitar un furor político
Después de 1953, Irán se convirtió en un estado policial y para Washington, el Sha era un aliado clave durante la Guerra Fría. En 1957, la CIA y el FBI ayudaron al régimen del Sha a establecer la temida Sazman-e Etelaat Va Amniat Keshvar ( SAVAK ), una policía secreta para someter a su pueblo. Estados Unidos y, posteriormente, Israel, entrenaron a militares, policías y agentes de inteligencia iraníes en las artes de la vigilancia, la coerción y la tortura. Para 1960, el Sha ejercía un férreo control sobre el país. Había eliminado, encarcelado y silenciado a la oposición. Censuraba y controlaba todo tipo de medios de comunicación y asociaciones profesionales. La SAVAK también vigilaba a las comunidades iraníes en el extranjero. Contaba con más de 5.000 empleados a tiempo completo y numerosos agentes a tiempo parcial en todo el mundo. La SAVAK empleaba todas las formas de tortura necesarias para extraer información y castigar a los disidentes. La brutalidad de la SAVAK que la opinión pública estadounidense comenzó a cambiar y el gobierno norteamericano impulsó una serie de reformas gatopardistas que agravaron aún más la situación.

En 1963 el ayatolá Ruhollah Musavi Jomeini hizo fuerte críticas al gobierno, por lo cual fue arrestado pero luego puesto en libertad. En 1964 volvió al criticar al Sha, lo llamó lacayo de Estados Unidos e Israel, por lo que fue arrestado nuevamente y posteriormente enviado al exilio: vivió en Turquía, Irak y Francia desde entonces.

Reza Pahlavi era despótico pero poco patriota. En 1970, presionado por los británicos, permitió que la isla de Bahrein se convirtiera en un estado independiente. Los británicos habían instaurado una dinastía suní wahabí (corriente rigorista y ultraconservadora del islam) al igual que habían instaurado a los Pahlavi en Irán, dinastía que aún gobierna a los chiitas bahreiníes con mano de hierro, de ahí que en la actual agresión a Irán Bahrein se ofrezca para ir a despejar el tránsito en el estrecho de Ormuz e impulse la creación de una fuerza naval multinacional con ese propósito.
El Sha fue en realidad el gendarme del Golfo Pérsico para Estados Unidos como Israel lo fue en Medio Oriente. Con alma de lacayo, como los mandatarios latinoamericanos que participan del Escudo de las Américas, el Sha apoyó a los norteamericanos durante la Guerra de Vietnam.
Pero también el Sha fue un gobernante despótico y pervertido, que dilapidaba los recursos del Estado iraní en todo el mundo. Ludópata empedernido, era una figura muy conocida en los casinos por su propensión a las pérdidas millonarias.
Incluso en la vida familiar tiene muchos claroscuros. Las revista europeas como la española “Hola!” dedican ediciones a la maravillosa familia compuesta por la emperatriz Farah Diba y sus cuatro hijos, Farahnaz (1963), Reza (1960), Alireza (1966, fallecido en 2011 ) y Leila (1970, fallecida en 2001). Reza, dicho sea de paso, vive en Estados Unidos y sueña, con apoyo de la CIA, en la restauración monárquica luego de las protestas de principios de este año y la agresión israelí-estadounidense.
Curiosamente, nadie habla de Soraya Esfandiary-Bajtiari, la segunda esposa de Mohammad Reza Pahleví. Se casaron en 1951 y se divorciaron en marzo de 1958, supuestamente ante la infertilidad de la emperatriz. Dos años antes de morir, Soraya pudo al fin revelar el secreto en sus memorias privadas: ella no fue infértil tal como lo han señalado los médicos cercanos al Sha, sino que manipularon sin escrúpulos sus exámenes médicos para convencer al Sha sobre la supuesta infertilidad. Perjudicada por la mentira creíble montada por aquellos galenos, de ahí vino el inesperado divorcio. Un rumor pendiente de confirmación sostiene que informes de inteligencia indicaban una supuesta afinidad de Soraya con Mossaddegh como la razón del divorcio, y no la esgrimida por las fuentes oficiales.
La búsqueda de una esposa fértil que asegurara la dinastía no duró mucho, y el 21 de diciembre de 1959 Reza Pahleví y Farah Diba se daban el ‘sí, quiero’ en el Salón de los Espejos del majestuoso Palacio Golestán, en Teherán.

La dinastía pahlavista tiene 54 años de existencia (1925/1979), no siglos. Su corrupción, su despotismo, su origen espurio, su insensibilidad ante las necesidades de su pueblo, y su incapacidad para gobernar le abrieron la puerta al régimen teocrático que hoy gobierna Irán. Muchos de los iraníes que viven en el exilio están en esa situación porque lo tuvieron que hacer para salvar sus vidas y la de sus familias, y ahora están soportando la violencia de los presuntos partidarios de la monarquía en Europa y Canadá ante la mirada cómplice de los gobiernos alineados con la política exterior trumpista.
