Los UPF son alimentos fabricados industrialmente que suelen conteneremulsionantes, saborizantes y colorantes artificiales que pueden ser altamente nocivos para la salud y son tan adictivos como los cigarrillos, aseguró un nuevo estudio que aboga por la adopción de fuertes medidas regulatorias para este tipo de productos. Investigadores de las universidades de Harvard (Massachusetts) Michigan (del estado homónimo)  y Duke (Carolina del Norte) afirmaron que los llamados UPF (por sus siglas en inglés) compartieron características clave con el tabaco, entre ellas el estar diseñados para generar adicción, fomentar el consumo excesivo y provocar daños generalizados, según estudios publicados en The Milbank Quarterly el pasado 3 de febrero, una revista multidisciplinaria que desde 1923 publica notas sobre salud poblacional y políticas sanitarias.

“Muchos UPF comparten más características con los cigarrillos que con las frutas o verduras mínimamente procesadas y, por lo tanto, justifican una regulación acorde con los importantes riesgos para la salud pública que representan”, concluyó el estudio. Dentro de los UPF están los refrescos, snacks envasados, galletas y patatas fritas, productos todos ellos de amplio consumo a nivel mundial. Según el estudio, el diseño de estos alimentos actúa sobre los sistemas de recompensa del cerebro de forma similar a la nicotina. El artículo sostiene, que los UPF cumplen los criterios establecidos para las sustancias adictivas, al citar su capacidad para inducir el consumo compulsivo y la dificultad que enfrentan las personas para evitarlos en el entorno alimentario actual.

Corporaciones multinacionales impulsan el auge de los alimentos ultraprocesados mediante estrategias políticas sofisticadas diseñadas para proteger y maximizar sus beneficios económicos. Los alimentos y bebidas ultraprocesados han pasado a dominar la dieta de adultos y niños en todo el mundo: representan hasta el 60 % de las calorías diarias en EE.UU, más del 50 % en el Reino Unido y superan el 40 % en Australia y Canadá. Bebidas azucaradas, salchichas, pizzas congeladas, gomitas y ‘snacks’ han ido desplazando a los alimentos frescos, especialmente en la dieta infantil, y su consumo se asocia con obesidad, diabetes, cáncer y otras enfermedades. Sus aditivos pueden provocar ansiedad, irritabilidad o trastornos por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) en niños.

El aumento de la proporción de alimentos ultraprocesados ​​en la dieta deteriora la calidad nutricional general e incrementa el riesgo de las siguientes enfermedades: obesidad; hipertensión arterial; enfermedades coronarias y cerebrovasculares; dislipidemia (alteración en los niveles de lípidos (grasas) en la sangre, caracterizada por un exceso de colesterol «malo» (LDL), triglicéridos altos, o niveles bajos de colesterol «bueno» (HDL) Esta condición es asintomática, pero aumenta severamente el riesgo de ateroesclerosis;  síndrome metabólico; trastornos gastrointestinales y cáncer.

Las gaseosas, por cierto,  están en el ojo de la tormenta desde hace medio siglo por lo menos.  En 1963, Coca Cola lanzó al mercado la marca TAB, que utilizaba ciclamato, una sustancia descubierta en 1937, como edulcorante,  En 1969 la Administración de Medicamentos y Alimentos prohibió el ciclamato por su riesgo cancerígeno, así que Coca-Cola tuvo que reemplazarlo por sacarina.[4]​ La buena acogida de la marca en los años 1970 motivó el lanzamiento de nuevos sabores, todos ellos con la misma fórmula endulzante, y una apuesta por el mercado internacional. La firma lo publicitaba como “bajo en calorías” y en 1982, se vio desplazada a nivel mundial por una nueva línea de producto, Diet Coke. En diciembre de 2020 anunció su retirada definitiva del mercado, al igual que Coca Cola Life, dentro de una reducción de costos por la pandemia de COVID-19.

De los edulcorantes se pasó a la stevia, planta llamada así en honor a su descubridor, el valenciano Pedro Jaime Esteve, que en el siglo XVI la llevó desde las selvas guaraníes hasta el reino de España. La buena noticia es que la stevia tiene un efecto insignificante en la glucosa en sangre, por lo que resulta atractiva para las personas con dietas bajas en carbohidratos que demandan cada vez más edulcorantes bajos en azúcar, pero se presentan algunas objeciones a esta planta que hasta hace poco era considerada mágica. El problema no es la planta en sí, sino el proceso al que es sometida, que consiste en remojar las hojas secas y luego separar o purificar los mejores compuestos de sabor dulce, que se conocen como glucósidos de esteviol, que no difiere en demasía al proceso de elaboración del azúcar. El resultado es un extracto concentrado que tanto médicos como nutricionistas tratan con igual cautela que otros endulzantes artificiales, pero tanto en Europa como en los Estados Unidos la industria la emplea como aditivo en muchos de los alimentos que produce.

Según un análisis publicado en Journal of Human Nutrition and Dietetics (Revista de Nutrición Humana y Dietética) una publicación de la Asociación Dietética Británica, el consumo regular de bebidas azucaradas podría estar asociado consíntomas más elevados de ansiedad en adolescentes. El trabajo revisó estudios que evaluaban los hábitos alimentarios y la salud mental de jóvenes. Se incluyeron refrescos, bebidas energéticas, jugos azucarados, siropes, té y café endulzados, así como leche saborizada, todos caracterizados por su alto contenido de azúcar y bajo valor nutricional. Los investigadores consideran que los resultados son relevantes para la prevención, en un contexto en el que los trastornos de ansiedad entre adolescentes han aumentado en los últimos años y se buscan factores modificables del estilo de vida que ayuden a reducir riesgos. El consumo de gaseosas, agua saborizadas y jugos artificiales está relacionado con el riesgo de obesidad y riesgo cardiovascular tanto en niños como en adultos,

Hace muchos años, en el transcurso de una investigación sobre el cáncer, un afamado oncólogo del Hospital Rivadavia me comentó que si bien las mujeres en el ámbito rural no estaban exentas de contraer un cáncer, tenían mayor capacidad de resilencia frente a la quimioterapia y demás tratamientos, porque su alimentación era natural, sin ninguno de los aditamentos que consumían las mujeres de los centros urbanos.

Según algunos datos que circulan en redes sociales, Argentina es unos de los países a nivel mundial con mayor consumo de gaseosas y bebidas azucaradas con un promedio de 137 litros por persona por año.

La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable (N° 27.642), conocida como ley de etiquetado frontal en Argentina, obliga a empresas a colocar sellos negros octogonales en productos envasados con excesos de nutrientes críticos (azúcares, sodio, grasas, calorías) y cafeína/edulcorantes. Busca prevenir malnutrición y enfermedades crónicas informando al consumidor, su cumplimiento efectivo ayudaría a mejorar la salud de las personas, aunque claro, no es un buen negocio para algunos.