La denominada “Operación Furia Épica” ha ampliado en los últimos días el escenario bélico más allá de los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel contra Irán. El conflicto parece expandirse geográficamente y sumar nuevos episodios que elevan la tensión internacional.
Entre los hechos más recientes se menciona la destrucción de un buque iraní cerca de Sri Lanka por un torpedo lanzado desde un submarino estadounidense; el despliegue de embarcaciones de guerra y portaaviones por parte de países europeos; ataques israelíes contra objetivos en el Líbano; el lanzamiento de misiles y drones iraníes hacia distintos países del Golfo; y la interceptación por parte de Turquía de un misil que habría ingresado en su espacio aéreo.
Este escenario abre interrogantes que inquietan a la comunidad internacional: ¿se trata del inicio de un conflicto de escala global o de una guerra regional con repercusiones internacionales?
Advertencias sobre una escalada global
Las primeras advertencias sobre un posible escenario de guerra mundial surgieron desde Moscú. El expresidente ruso Dmitri Medvedev sostuvo que una escalada mayor podría producirse si Washington profundiza su política de confrontación con Teherán.
En la misma línea se expresó el economista Jeffrey Sachs, director del Centro de Desarrollo Sustentable de la Universidad de Columbia, quien calificó el conflicto como una disputa geopolítica por la hegemonía en Oriente Medio y por el control de recursos energéticos estratégicos.
Según su análisis, la guerra podría adquirir una dimensión global si las tensiones continúan ampliándose y se suman nuevos actores internacionales.
La cautela de otros analistas
Sin embargo, varios especialistas en relaciones internacionales consideran prematuro hablar de una tercera guerra mundial. A su juicio, el conflicto podría mantenerse dentro de los márgenes de una guerra regional, aunque con efectos económicos y políticos en distintas partes del planeta.
El profesor de Ciencias Políticas Robert Rabil, especialista en Oriente Medio de la Florida Atlantic University, sostiene que Irán se encuentra relativamente aislado desde el punto de vista estratégico. En su opinión, los ataques contra países del Golfo Pérsico han provocado una reacción de mayor cooperación entre esos estados y Estados Unidos.
No obstante, Rabil advierte que la situación podría cambiar si potencias como Rusia o China decidieran involucrarse militarmente. De ocurrir, el escenario sí podría transformarse en un conflicto de escala mundial.
Aun así, el especialista considera poco probable esa posibilidad. Según su análisis, tanto Moscú como Beijing podrían brindar respaldo diplomático o incluso apoyo logístico a Teherán, pero evitarían una confrontación directa con Washington.
Impacto global, incluso sin guerra mundial
Incluso sin una escalada mayor, el conflicto podría generar consecuencias significativas en la economía internacional. Un enfrentamiento prolongado en la región podría afectar el suministro energético global, impulsando aumentos en los precios del gas y el petróleo.
Ese escenario, advierten los analistas, podría traducirse en mayor inflación mundial, menor inversión y desaceleración del crecimiento económico.
El profesor emérito de Gobierno y Política Mark Katz, de la George Mason University, coincide en que el conflicto actual difícilmente pueda definirse como una guerra mundial. A su entender, aunque Estados Unidos e Israel han atacado objetivos iraníes y Teherán respondió con acciones militares contra países vecinos, el escenario sigue siendo regional.
Katz subraya que, hasta el momento, ninguna otra potencia ha intervenido directamente en apoyo militar de alguno de los bandos, un elemento que históricamente ha sido determinante para transformar guerras regionales en conflagraciones globales.
Un escenario improbable, según otros expertos
Una evaluación aún más escéptica sobre el riesgo de guerra mundial proviene de Joshua Landis, codirector del Centro de Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma. El especialista considera muy poco probable —incluso cercano a lo absurdo— que el conflicto actual derive en una confrontación global.
Según su mirada, ninguna gran potencia parece dispuesta a intervenir militarmente para rescatar a Irán ni a enfrentar directamente a Estados Unidos e Israel.
Landis también advierte que el mayor riesgo podría situarse en otro plano: si el conflicto se prolonga y los bombardeos se intensifican, Irán podría enfrentar una profunda desestabilización interna, con consecuencias regionales severas y potenciales crisis humanitarias.
Entre la guerra regional y la incertidumbre global
En síntesis, el consenso entre gran parte de los especialistas es que el conflicto, por ahora, no reúne las condiciones para convertirse en una tercera guerra mundial. La ausencia de intervención directa de otras grandes potencias constituye el principal factor que limita esa posibilidad.
Sin embargo, la expansión de las hostilidades en Oriente Medio mantiene abierta una etapa de alta incertidumbre internacional. Incluso sin alcanzar la dimensión de un conflicto global, la guerra podría tener efectos duraderos en la estabilidad política de la región y en el equilibrio económico del mundo.
