Si bien actualmente la iniciativa de Donald Trump de apoderarse a como dé lugar de Groenlandia actualizó el tema , la idea no es nueva, en realidad es la cuarta intentona de Estados Unidos por anexar el territorio. Robert John Walker (1801/1869) abogado, economista y político estadounidense, miembro activo del Partido Demócrata que se desempeñó como senador de los Estados Unidos por Missisipi entre 1835 y 1845, secretario del Tesoro entre 1845 y 1849 durante la administración del presidente James K. Polk, y brevemente como gobernador del territorio de Kansas en 1857, responsable de redactar el proyecto de ley que estableció el Departamento del Interior de los Estados Unidos, ferviente expansionista, apoyó al secretario de Estado William H. Seward , (que había logrado la compra de Alaska a los rusos por U$S 7.200.000 en 1867: el imperio ruso estaba en crisis luego de la guerra de Crimea y tenía el temor de perder esas tierras por una posible expansión británica, lo que facilitó la transacción) cuando éste presentó la idea de comprarle la isla e Islandia a Dinamarca. La oposición en el Congreso puso fin a este proyecto.
En 1910el entonces embajador de Estados Unidos en Dinamarca, Maurice Francis Egans, hizo una oferta al gobierno danés: intercambiar Groenlandia por las Antillas Holandesas y la isla filipina de Mindanao, pero la oferta fue rechazada.
En el contexto de la Guerra Fría, el 27 de abril de 1951 se firmó un Acuerdo entre los Estados Unidos y el Reino de Dinamarca, en cuyo preámbulo se establecía que “El Gobierno de los Estados Unidos de América y el Gobierno del Reino de Dinamarca, siendo partes del Tratado del Atlántico Norte firmado en Washington el 4 de abril de 1949, teniendo en cuenta sus responsabilidades en virtud del mismo para la defensa del área del Tratado del Atlántico Norte, deseando contribuir a dicha defensa y, por ende, a su propia defensa de conformidad con los principios de autoayuda y ayuda mutua, y habiendo sido solicitados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para negociar acuerdos en virtud de los cuales las fuerzas armadas de las partes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte puedan hacer uso de las instalaciones en Groenlandia en defensa de Groenlandia y del resto del área del Tratado del Atlántico Norte, han celebrado un Acuerdo para el beneficio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en los términos que se establecen a continuación”, lo que derivó en el establecimiento de bases norteamericanas en la isla desde entonces y hasta el presente.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1946 el presidente demócrata Harry S. Truman ofreció comprar la isla a Dinamarca por 100 millones de dólares. Dinamarca se negó a venderla.
Un poco más acá en el tiempo, en agosto de 2019 el presidente Donald Trump volvió a proponer la compra de la isla más grande del mundo, pero el primer ministro groenlandés Kim Nielsen se negó declarando que “Groenlandia no está a la venta y no puede venderse, pero Groenlandia está abierta al comercio y a la cooperación con otros países, incluido Estados Unidos”.
Como se ve, el tema de Groenlandia parece ser una especie de cuestión nacional para los estadounidenses: tanto demócratas como republicanos están contestes en que quieren tener la posesión del territorio.
¿Cuál sería el origen de tanto interés? Casi el 80% de los más de 2.522.000 millones de km2 de su territorio está cubierto por un espeso manto de hielo, pero para empezar, a finales del 2013 se ha descubierto bajo el indlandsis groenlandés, al menos en su zona sudeste, un enorme acuífero (que parece tener un área semejante al de la isla de Irlanda, es decir unos 85 000 km²) de agua líquida debida a la presión que la calota glacial (masa de hielo de agua dulce que cubre una superficie menor a 50,000 km², abarcando terrenos elevados, montañas o mesetas con forma de cúpula; las calotas fluyen desde un centro elevado hacia la periferia, independientemente de la topografía subyacente, y son fundamentales para el almacenamiento de agua dulce) ejerce sobre las aguas que, aun bajo los 0 °C, se mantienen así en estado líquido.
Pero eso no es todo: Groenlandia posee vastos yacimientos minerales inexplorados, destacando por tierras raras (livianas y pesadas, como neodimio, praseodimio, disprosio), uranio, oro, hierro, zinc, cobre y elementos críticos como niobio y tantalio, y es considerada una de las mayores reservas potenciales del mundo, con estimaciones de hasta 36-42 millones de toneladas de óxidos. El depósito Kuannersuit (también conocido como Kvanefjeld) es uno de los mayores, pero la infraestructura limitada y los desafíos ambientales complican su explotación y los científicos hablan de presuntas reservas de combustibles fósiles.
Todo eso no explicaría la vuelta a poner el tema de Groenlandia en el tapete: “debajo de la piedra está el cangrejo”. El anuncio de Putin sobre el Corredor de Transporte Transártico encendió las alarmas de la Casa Blanca, el Pentágono y buena parte de la clase política norteamericana, sobre todo la de derecha. Es un megaproyecto estratégico que permitirá conectar Eurasia a través del Ártico a través de Ruta Marítima del Norte través de los mares del Océano Ártico a lo largo de 5.600 kilómetros, desde el estrecho de Kara hasta la bahía de Providéniya. Al presentar el proyecto el primer mandatario ruso destacó el entusiasmo de las empresas rusas que operan en el Ártico y de transportistas extranjeros, atraídos por la promesa de una ruta que reduce distancias y costos de manera significativa.
Claro que para eso habría que tener una gran flota de rompehielos, incluidos los de propulsión nuclear, y es Rusia la única que tiene la mayor flota del mundo, mayor que el resto del planeta junto. Estados Unidos sólo tiene el USCGC Polar Star de la Guardia Costera, que entró en servicio en 1976, pasó a la reserva en 2006 y volvió a entrar en servicio en 2012. Este buque de clase Polar, de 13.000 toneladas, es el único rompehielos pesado de la flota estadounidense capaz de operar de forma sostenida e independiente en las aguas cubiertas de hielo gruesas del océano Ártico, pudiendo atravesar hielo de unos impresionantes 6,4 metros de espesor, y el USCGC Healy, otro rompehielos de la Guardia Costera, con un desplazamiento de 16.257 toneladas a plena carga, capaz de atravesar hielo de hasta 3 metros de espesor al retroceder y embestir, considerado el rompehielos tecnológicamente más avanzado, que entró en servicio en 1999. La Guardia Costera tiene ambiciosos planes de expansión y espera contar con tres nuevos rompehielos pesados y tres medianos en los próximos años y décadas. La entrega del primer buque de la nueva flota fue retrasada de 2024 hasta por lo menos 2027. O sea, parafraseando a un tema del Grupo Katunga, “el presidente no puede”.
Unido a eso, está el problema del transporte. Groenlandia, por su particular geografía, no tiene ferrocarriles ni carreteras, el tráfico de pasajeros se realiza en avión dentro de la isla y con el exterior, pero los aeropuertos no son muy modernos que digamos.
De todos modos, Estados Unidos mantiene una presencia militar estratégica en Groenlandia, siendo la Base Espacial Pituffik (anteriormente Thule Air Base) la más destacada, situada al noroeste de la isla. Esta base, fundamental para la seguridad estadounidense, incluye radares de alerta temprana para misiles balísticos e hipersónicos procedentes del Ártico, y cuenta con personal de la Fuerza Espacial. Aviones del Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD), integrado por EEUU y Canadá, llegarían próximamente a la base, en una medida que ya fue notificada al Reino de Dinamarca y a las autoridades de la isla.
En la 56ª Reunión del foro Económico Mundial que se celebró en Davos (Suiza) del 19 al 23 de enero pasado, el presidente Donald Trump, mas porfiado que gallo comiendo tripa, afirmó que “Groenlandia se convirtió en un territorio sumamente estratégico para nosotros, es un lugar crucial para la seguridad interna de Estados Unidos”. Como mal perdedor que es, ya ha hecho trizas el derecho internacional, no ha descartado el uso de la fuerza para apoderarse de Groenlandia y posiblemente un día de estos nos despertemos con la noticia de que la bandera de las barras y las estrellas ondea en Nuuk.
