De Gaulle fue un teórico y práctico del uso de las unidades acorazadas, tenía razón cuando propugnó su uso contra la opinión de Petain que prefería la caballería histórica: comandando la 4.ª División Blindada en 1940, logró avances significativos contra los alemanes en batallas como Abbeville.
También tenía razón cuando exigió a Estados Unidos que le entregara el oro que respaldaba los dólares americanos, porque para negarse Nixon tuvo que patear el acuerdo de Breton Woods y decretar la inconvertibilidad del dólar el 15 de agosto de 1971, suspendiendo unilateralmente la convertibilidad directa del dólar estadounidense en oro.
Y también tenía razón cuando en setiembre de 1965 al percibir la polarización de las potencias mundiales durante la Guerra Fría como perjudicial para sus propios intereses, se retiró de la estructura militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, dejando inicialmente a la alianza más vulnerable defensivamente.
En realidad, se retiró del mando militar unificado, no de la organización.
Si bien Estados Unidos y algunos de los aliados pusieron el grito en el cielo, la retirada fue gradual, quien no quiso verlo no lo vio. En 1962, el presidente De Gaulle retiró la flota francesa del Mediterráneo del mando de la OTAN, en 1963 Francia retiró su flota atlántica del mando de la OTAN y en septiembre de 1964, las unidades francesas no participaron en las maniobras navales de la OTAN. En mayo de 1965, Francia también boicoteó las maniobras terrestres de la OTAN.
Los acontecimientos posteriores donde se vio involucrada la OTAN (Guerra contra la República Federal de Yugoslavia (Bosnia y Herzegovina), primera de guerra del Golfo (1990/1991). Libia (2011), invasión de Irak (2003), entre otros, confirman la aguda visión del Gral. De Gaulle sobre el futuro de Europa y la alianza atlántica.
El veterano líder galo tenía el temor, arraigado durante mucho tiempo, de que Francia perdiera su independencia en política exterior al participar en el mando militar combinado de la OTAN, cuyo comandante en jefe siempre era un militar norteamericano y el segundo jefe un militar británico, porque a través de la organización podría su país verse arrastrado, sin quererlo, a una participación en la guerra de Vietnam (1955/1975).
Es que Francia se venía desangrando a ojos vista: en 1954, luego de Dien Bien Phu, perdió una parte de Vietnam; en 1962, luego de los acuerdos de Evian, perdió Argelia. Para salvar lo que quedaba del otrora floreciente imperio, Francia debía desarrollar su capacidad nuclear independiente y retirarse del paraguas nuclear de la OTAN y tener una política exterior más acorde a sus intereses.
La salida del Reino Unido del Brexit, votada mayoritariamente por los británicos en 2016 y que se hizo efectiva en el 2020, refuerza otra vez la visión del Gral. De Gaulle. Tanto tenía razón Charles De Gaulle con su insistencia en que Francia debía tener una política exterior propia e independiente del resto de Europa.
La Unión Europea se tambalea en medio de una crisis económica, social y política, sobre todo con las nuevas directrices en política exterior de Donald Trump, sin contar, claro, con su postura genuflexa ante la Casa Blanca, que costó la caída de Ángela Merkel, motor del desarrollo alemán durante su gestión (2005/2021) por oponerse al sabotaje a los gasoductos Nord Stream, lo que finalmente se hizo en 2022. Hoy Europa paga el gas importado de USA cinco veces más caro que el que venía de Rusia, y ahora el amigo de Epstein se desentiende del apoyo a Ucrania, acepta entregar el Donbas y Crimea a Rusia para lograr la paz, y que la ayuda a Ucrania salga de las arcas de la Unión Europea, para lo cual los países de la alianza atlántica deben incrementar sus gastos en armamentos a pesar de la caída de los índices industriales, y el deterioro creciente del dólar, base de su comercio exterior. La alternativa de usar los activos rusos bloqueados no parece ser una buena idea, tal vez porque los activos europeos en Rusia superan lo que tiene Bruselas en sus arcas.
Incluso, algunos países como Francia están más que en la cuerda floja, luego de haber sido expulsada de Burkina Faso, Níger, Malí, Chad y República Centro Africana: se quedó sin el oro, el uranio y el litio que de allí extraía, entre otros problemas.
En 2009, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, el primer expresidente francés encarcelado, a fines del año pasado por “financiamiento ilegal” de su campaña de Muamar Gadafi en 2007, anunció que Francia volvería a unirse al mando militar de la OTAN.
Comparando a uno y otro exmandatario, la figura del viejo militar surge límpida y clara, sin dobleces, que durante su viaje por América Latina en 1964, le tocó una lluvia torrencial durante los actos oficiales en Montevideo y rechazó tanto el paraguas como el capote, y se mantuvo firme, de pie, en el automóvil descapotable que lo transportaba, frente al político profesional que no solo violó la ley sino que fue tan torpe que dejó visible el hecho, tal vez pensando que tenía impunidad.
