Si por algo se ha caracterizado el gobierno de Javier Milei es por los ataques a la prensa, que incluso han llamado la atención de los medios y organizaciones internacionales.
Según Reporteros Sin Fronteras, su actitud abiertamente hostil hacia los periodistas y su desprecio de las normas internacionales sobre el derecho a la información no es a partir de su asunción como presidente, sino desde antes.
En julio de 2021, durante una conferencia de prensa en Salta, le faltó el respeto a la periodista Teresita Frías, la trató de «burra» y le gritó varias veces. Posteriormente el juez de violencia y género de Metán, Carmelo Paz, dictaminó que el entonces economista no vuelva a disertar en dicha localidad salteña y al explicó que su resolución “fue a raíz de una presentación de la fiscalía de violencia de género de Metán. Se lo configura al hecho como uno de violencia psicológica, donde se efectuaron descalificaciones y destrato público, que no puede ser permitido. La violencia de género es de orden público y por lo tanto tenemos que prevenir la violencia, para que no se repitan nuevos hechos. Por eso, prohibimos que no vuelva a dar charlas en esta ciudad. Si alguien, a nivel nacional, quiere presentar una denuncia por violencia de género lo puede hacer”.
The New York Times, por ejemplo, citó con asombro los 65 mensajes contra Julia Mengolini, una periodista que ha sido crítica con su gobierno.
El 29 de abril del año pasado, el presidente publicó un mensaje en la red social X que remató con la frase: “Si no empiezan a pedir perdón, cada día valdrá más la frase: «la gente no odia lo suficiente a los periodistas»”.
También el año pasado, en medio de insultos de grueso calibre, Milei denunció por «calumnias e injurias» a ocho periodistas, pero la justicia desestimó dos de las denuncias.
El diario La Nación, que no puede ser tachado de kuka o de izquierda, en una investigación propia, contabilizó 410 ataques a la prensa en discursos y entrevistas durante el primer año de presidencia de Milei, con más de 60 periodistas señalados por su nombre.
En ese marco, el año 2026 empezó mal para los periodistas. En la madrugada del primer día del año, desconocidos rompieron un vidrio del frente del edificio e ingresaron al diario cooperativo El ciudadano de Rosario. El robo fue selectivo: se llevaron las dos consolas de sonido y todos los micrófonos, lo que impide que el medio siga transmitiendo y filmando. “Nos llama la atención lo selectivo del robo y lo simbólico del hecho de que se hicieran con los micrófonos”, sostienen los trabajadores del medio; recordaron la compleja situación económico y de subsistencia que atraviesan en esta época de crisis, pero la resilencia pudo más: “Nos quisieron destruir muchas veces. Nunca lo consiguieron. Nos vamos a levantar de este golpe pero nunca vamos a dejar de contar con espíritu crítico todo lo que vemos” concluyen.
El Ciudadano fue creado el 7 de octubre de 1998, con una línea editorial similar a la de La Nación, Luego de distintos avatares, cierres y reaperturas, fue recuperado por sus trabajadores en 2016, sostenido por la Cooperativa de Trabajo La Cigarra Limitada. En 2018 recibió un reconocimiento por parte del Consejo Municipal de Rosario.
¿Por qué los periodistas son el blanco de tantos ataques? Tal vez porque más allá de la existencia de algunas organizaciones sindicales como SIPREBA (Sindicato de Prensa de Buenos Aires), UTPBA (Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires) o FATPREN (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa), más un sinnúmero de organizaciones regionales y locales autónomas, no hay en realidad un verdadero espíritu unitario en el accionar gremial.
Otras profesiones, como derecho, arquitectura o medicina, están regidos por colegios profesionales, que los nuclea, establece pautas deontológicas y condiciones de trabajo.
Dentro del clima de odio generado dese el gobierno nacional, se habla de derogar el Estatuto del Periodista, establecido por la Ley 12908, que tiene su origen en el Decreto-Ley 7618 del 25 de marzo de 1944, durante la gestión del entonces Coronel Juan Domingo Perón como Secretario de Trabajo y Previsión.
La especie ha generado malhumor e incertidumbre entre los periodistas amén del repudio casi generalizado.

